UNA REPÚBLICA EN COMA. Por: Robert Gilles Redondo

12 de noviembre de 2016, 14:22

UNA REPÚBLICA EN COMA

El inevitable fracaso de la mesa de diálogo que promovió el Santo Padre y que fue el resultado de un gran esfuerzo de la diplomacia vaticana, debe sincerar a todos los sectores que conforman a la oposición venezolana. El diálogo fracasa porque no ha habido interlocutores. Más allá de su condición de delincuentes, el chavismo o como sea que se llame esa secta, no está dispuesto a perder el poder que usurpa porque con ello perderían todo, absolutamente todo. Mientras que la oposición se sentó después de haber perdido en casi todos los escenarios de salida que planteó pero con un firme respaldo de la comunidad internacional. Sus exigencias no son tan suyas, son de todo el país, sobre todo de los presos políticos, de los venezolanos que tienen hambre o están muriéndose en los hospitales porque no hay medicinas y de todos los que por una u otra razón han tenido que huir del país.

Desde el momento que iniciaron las conversaciones en La Rinconada las críticas han ido y venido, desde las optimistas hasta las más radicales. Quizá unos y otros tenemos razón, al fin y al cabo el país es de todos y tenemos derecho a la impotencia por el paso del tiempo y el agravamiento de la situación, así como existe el derecho y el deber de no sacrificar una sola gota de sangre en las calles porque quien tiene la verdad no necesita expresarla con violencia. Si la violencia despertara mostraría el lado más oscuro de nuestro pueblo que durante estos diecisiete años de ignominia ha soportado tantas humillaciones. Y no podemos siquiera negar o tratar de ocultar las grietas de la Mesa de la Unidad. La coalición de partidos políticos ha ido desmembrándose y con mucho esfuerzo la han sostenido. Debemos admitir que ha habido una gran frustración este 2016 porque a lo mejor esperábamos más acciones concretas que frenaran la caída libre al abismo en el que nos hallamos.

Pero el problema no es solo de la MUD porque los partidos políticos no son el único sector de la sociedad venezolana, apenas son una especie de reducto del sistema que sigue muriendo. El problema en el fondo sigue siendo el bendito sistema que se empeña en sostener un status quo inviable, reeditando en nuevas formas las taras que condenaron nuestra democracia hasta el punto de engendrarse Hugo Chávez. Un ejemplo de ello es como la crisis ha tenido un severo impacto en la “venezolaneidad”, es decir, en el modo de vida del venezolano. El oportunismo, la corrupción, el nuevo riquismo, la delincuencia han ido deteriorando en general el perfil psiquiátrico del venezolano. Somos un país que se dedica a sobrevivir, no bajo el imperio de la ley ni guiados por los solemnes valores de siempre, sino bajo la premisa del más fuerte. Sí, en Venezuela sobrevive el más fuerte, el más vivo. Eso no podemos negarlo porque es parte del problema. Algunos definen esto como anomia social.

Si ha habido un resultado concreto de la enorme pesadilla que ha significado esta revolución es el haber olvidado qué es lo que somos y qué podemos hacer juntos como un bravo pueblo. Y esto no busca invocar heroicas jornadas pasadas. No. Apenas es una apelación final en esta República que está en coma. Todos, absolutamente todos, debemos concurrir en esta hora y echarnos a la patria en los hombros, con el valor cívico que no se traduce en ofrendar muertos en las calles sino en ser suficientes para exigir y hacer que Venezuela sea libre.

Debemos ir digiriendo que el 2016 difícilmente terminará con un cambio concreto. Ahora que Maduro sobrevive y consigue llegar al 2017, salvo que acontezca algún evento extraordinario, cosa que parece poco probable. Esa sobrevivencia del régimen no es porque tenga capacidad de reacción para darse cuenta de cuánta destrucción han causado en estos años y apartarse para pagar el precio de todos los delitos que cometen a diario. La insania mental es una condición que les impide admitir que están perdidos. Maduro no tiene la suficiente hombría ni la autoridad para renunciar a un cargo que ocupa de forma ilegítima. Él no es nadie ni representa nada. Apenas es un eslabón en la grotesca cadena de delincuentes que controlan al país, esos sobre los que pesan las acusaciones de narcotráfico, lavado de dinero y violaciones a los Derechos Humanos. Esos a los que la justicia les aguarda con la paciencia que ya por poco no tenemos.

Frente a esta aturdidora realidad la pregunta que se hace el país es si seguiremos cayendo en las trampas cazabobos que ad intra y ad extra se nos tienden. La unidad de la oposición es insacrificable, es cierto, debemos sostenerla sin desmayo y pese a todo, pero tal unidad no puede ser obviar a algunos y caminar con las indicaciones de otros. Hay que irse a la calle para ejercer la soberanía y hacer presión. Pero debemos ir todos no sólo la MUD y no por unas horas. Esta dolorosa tragedia la resolvemos todos o no conseguiremos nada.

Los intelectuales, los artistas, los trabajadores, los estudiantes, las iglesias, los empresarios, los ciudadanos organizados, todos debemos resolver este problema que no es sólo de los partidos políticos. Es el momento.

Robert Gilles Redondo

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Acerca de Sammy Landaeta Millán

Coronel de la Fuerza Aerea Venezolana, en Situación de Retiro, según resolución N°7446 de fecha 27 de julio de 2000 (Propia solicitud). Licenciado en Ciencias y Artes Militares (Opción Aeronáutica). Especialista en Administración de los Recursos de la Aviación. Maestria en el Empleo del Poder Aéreo. Diplomado Estado Mayor Conjunto N°14. Diplomado Curso Especial de Seguridad y Defensa para Ejecutivos. Piloto Aviador Militar. Piloto de Helicópteros Militares. Piloto de Helicóptero Comercial. Especialista en Busqueda y Salvamento. Edita desde la Gran Caracas. VENEZUELA, el blog LA PROTESTA MILITAR http://laprotestamilitar.blogspot.com
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