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VENEZUELA: MARXISTAS. Por Arlán A Narvaez-Vaz R.


MARXISTAS
Por: Arlán A. Narváez-Vaz R. (*)

Creo haber relatado en esta columna que, recién graduado como abogado en la Casa que vence la sombra, un primo hermano, Leonardo Certad Narváez, me preguntó cómo me sentía con mi nueva profesión y no vacilé en responderle que me había multiplicado las angustias porque, como economista era capaz de ver la profundidad del daño que la actual kakistocracia (gobierno de los más ineptos, con los planes más incapaces) le ha hecho al país, exterminando su capacidad productiva, destruyendo la confianza para la inversión, aniquilando el poder adquisitivo de los venezolanos con la inflación más elevada del planeta, a la par de ponernos a parir para tratar de conseguir bienes básicos y medicinas y, lo más reciente, incapacitarnos para conseguir efectivo…, pero como abogado también adquirí la capacidad para comprender la magnitud y hondura del daño que hemos sufrido en destrucción institucional, la frecuencia, gravedad e impunidad con que se violan la Constitución, el Estado de Derecho (pareciera que el régimen lo entiende como “Estado de Deshecho”) y los derechos esenciales de los ciudadanos.

La actualidad nacional, con su resonancia internacional, está atiborrada de temas que ameritan reflexión, muy particularmente en lo económico tras los anuncios de lo que llamaron “Plan constituyente para la prosperidad económica”, cuyo nombre más apropiado debe ser “Paquete consistente en mayor destrucción económica”, ya que lo que ofrece es prácticamente profundizar sus errores que, desde hace 17 años, han derivado en el desastre que hoy vivimos, punta del iceberg comparado con lo que nos espera como consecuencia de tanta ineptitud e incapacidad. La fórmula sine qua non para el éxito y el bienestar económico es fomentar la producción y su productividad, receta total, completa y absolutamente ausente en los recientes anuncios; por el contrario, en lugar de estímulos, se anunciaron más obstáculos para la producción en controles de precios y en crecimiento de persecuciones y penas.

Algunos de los anuncios son claramente marxistas pero más que inspirados en Carlos Marx, parecen inspirados por los hermanos Marx (Groucho, Chico y Harpo), aquellos actores del cine de los años 30 y 40, famosos por las situaciones absurdas, disparatadas y caóticas que caracterizaban sus películas. Lo de anunciar abandonar el dólar, divisa en la que se nos pagan la gran mayoría de nuestras exportaciones y a la que están asociados la gran mayoría de los países de los que importamos, para adoptar yuanes, rublos o rupias, bien pudo ser parte del rol de Groucho interpretando a Rufus T. Firefly en el film “Sopa de Ganso”.

Otra muestra de incoherencia crasa tiene que ver con la grave (y cada vez peor) crisis de efectivo. En diciembre nos pusieron a correr porque “eliminaron” el billete de cien y venía un nuevo cono monetario. Han transcurrido 9 meses y el fulano billete, como Johny Walker, “sigue tan campante” mientras los billetes del nuevo cono son a claras luces insuficientes para las necesidades del público. Los bancos, incluyendo la pública, ante tal insuficiencia limitan los montos diarios de entrega al público, pero nuestro Rufus T. Fireflyn, en lugar de acelerar la provisión de efectivo al sistema con suficientes billetes y expandir el cono monetario con billetes de mayor denominación, decide y “ordena” prohibir tales limitaciones… Por cierto al incontrolado ritmo creciente de la inflación (alimentado por el incontrolado gasto público improductivo) no hay ni cantidad de billetes ni cono que sea suficiente.

Ahora, como abogado, no puedo menos que entristecerme y repugnar tanta demolición institucional y violación de la Constitución. También me sorprende la tácita aquiescencia a los desmanes y destemplanzas del régimen, quien ahora escuda y trata de disfrazar su esencia autocrática y totalitaria con unos supuestos poderes plenipotenciarios de cualidad supra-constitucional, al mejor estilo de las patentes de corso, que le atribuyen al adefesio que llaman “asamblea constituyente” (anc). En mi entrega de esta columna del 10 de mayo, “Constitución o Pantaleta”, lo denuncié como una burda añagaza de “…un régimen que solamente reconoce la independencia de los Poderes Públicos y las instituciones cuando responden servilmente a su mandato e intereses y unas leyes (ahora se quiere incluir la propia Constitución) que se cambian (o pretenden cambiar) cada vez que le representa un obstáculo al autócrata (que no al pueblo), vale decir tratándolas como la prenda íntima de vestir femenina referida en el título de estas líneas…. quedó palmariamente demostrado en sus palabras del 1º de mayo: <Necesitamos transformar el Estado, sobretodo esa Asamblea Nacional podrida…>”.

Es insólito e inadmisible que se desconozca la voluntad electoral de 17 millones de venezolanos que eligieron la Asamblea Nacional, vigente porque el adefesio, “por ahora”, no se ha atrevido a eliminarla, aunque sí ha pretendido usurpar algunas de sus competencias sustanciales (digo pretendido porque muchos países del mundo han anunciado que desconocerán decisiones del adefesio usurpadas a la Asamblea Nacional). Es demasiado grotesca la artimaña de legalidad que afana al Poder Legislativo todas aquellas competencias que suponen control a los desmanes económicos, financieros y de violación de derechos políticos y civiles a los ciudadanos, para ponerle en bandeja de plata a nuestra kakistocracia su criminal empeño en destruir el país.

Es obvio que el único que tiene poderes plenipotenciarios es el pueblo (artículo 347 constitucional: “El pueblo de Venezuela es el depositario del poder constituyente originario”), tanto es así que el régimen ha reconocido y proclamado que la Constitución emanada de su artificio “constituyente” debe ser sometida a su aprobación en un referéndum, razón por la cual también debe reconocer que las todas las decisiones de ese adefesio solamente tendrían algún poder y efecto al ser aprobados por el pueblo. Siendo así, obviamente las destituciones y otras decisiones que violen los procedimientos establecidos en la Constitución son nulas si no son ratificadas por el pueblo en referéndum. En este último renglón se inscribe también el invento marxista (por Groucho) de lo que llaman “leyes constituyentes” que ni son leyes (porque esa categoría no existe en la Carta Magna), ni son constituyentes (porque no constituyen nada)… ¿”leyes constituyentes” cuando el único Poder facultado para sancionar leyes es la Asamblea Nacional? La respuesta las avalaría únicamente en el caso de una dictadura o de una película de los hermanos Marx… ¡Cosas veredes, Sancho!

Arlán Alberto Narváez-Vaz R.

(*) Profesor UCV /arlannarvaez

REMISIÓN:

De: May De La Vega
Fecha: 20 de septiembre de 2017, 09:06

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