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Luis Marín

LA SUSTANCIA CHINA

Si al venezolano más desprevenido le hubieran dicho que la actual pandemia del COVID 19 se debe al contubernio de un murciélago con un pangolín, seguramente habría contestado: “Sí, claro. Ya conozco esa historia”. Y es que en Venezuela cada vez que se produce un colapso del sistema eléctrico consecuencia de malas políticas, desinversión y corrupción, el régimen lo explica por la intervención de alguna iguana, zamuro o rabipelao, cuando no es una conspiración de los EEUU.

Exactamente lo mismo que hacen los comunistas chinos que, de poner el foco de atención sobre un pangolín, un simpático animalito más bien parecido a un cachicamo, sin solución de continuidad lo pasaron a un funcionario, Zhao Lijian, Subdirector del Departamento de Información del Ministerio de Relaciones Exteriores de la República Popular China, quien con absoluta estolidez afirmó que el virus lo llevaron unos soldados americanos durante los juegos militares mundiales celebrados en Wuhan en octubre del año pasado, bulo replicado inmediatamente por Telesur.

Podría pensarse que los comunistas son todos iguales y siempre se comportan de la misma manera, no importa si son cubanos, rusos o chinos; o bien las técnicas de desinformación son universales, porque parten del principio compartido por todo mentiroso según el cual mientras más inverosímil sea el relato más probabilidades tiene de ser creído, por el simple razonamiento de que nadie se atrevería a decir algo así si no fuera verdad.

Otro aspecto del asunto es la actitud observada en occidente en las interacciones sociales, sean políticas, jurídicas, comerciales o de cualquier tipo, que se basan en la buena fe y en la presunción general de veracidad, que si no fueran de este modo harían prácticamente imposibles la mayoría de los intercambios individuales y colectivos.

Nunca se termina de entender que cuando se trata con comunistas o musulmanes estos principios se vuelven inaplicables sencillamente porque no creen ellos, tienen su propia cartilla de valores que consideran superiores a todos los de “burgueses” o “infieles” a quienes es lícito derrotar por cualquier medio que sea, sin limitación alguna.

Si el venezolano más desprevenido es también lo suficientemente mayor, podría recordar el espectáculo de la lucha libre, en que los luchadores iban decantándose entre los “limpios”, que siempre actuaban según las reglas establecidas, y los “sucios” que echaban mano de cualquier tipo de artimañas y bajas maniobras.

El campeón de los sucios era el Dragón Chino, sujeto sombrío que tenía entre sus trampas características una “sustancia” que en los momentos en que se encontraba en aprietos les propinaba a sus contrincantes para salir del lance y tomar una indebida ventaja.

Lo increíble es que los buenos nunca se daban cuenta de las celadas del Dragón Chino, se paseaban por el ring con aire triunfal mientras el público les trataba de advertir clamando desesperadamente.

Pero nada, el Dragón Chino ejecutaba su ataque y por si alguien no se había dado cuenta el locutor vociferaba: “¡Le echó la sustancia!” Nuestro héroe se retorcía de dolor, dando tumbos enceguecido; mientras el Dragón Chino desafiaba los abucheos del público que le gritaba: “¡Sucio!, ¡tramposo!” y otros epítetos menos repetibles.

Nunca supimos qué era la sustancia, ni cómo es que la aplicaba, sólo veíamos sus efectos, que ponía de rodillas al oponente e invertía el estado de la contienda, que hasta ese momento se perfilaba como una inminente victoria.

¿De dónde sacaría occidente que podía declararle una guerra comercial a China y ésta se resignaría a perderla mansamente sin echar mano de algún recurso deshonesto? Quizás de eso que los anglosajones llaman el fair play, que hace que las contiendas se desenvuelvan dentro de un ámbito que pueda considerarse civilizado, cualquiera sea el sentido atribuido a esa expresión.

Siempre que se planifica una ofensiva se calcula el número estimado de bajas y hay que reconocer que China las ha tenido bien pocas, apenas un personal que ellos consideran prescindible cuando no una carga de ancianos y enfermos, mientras su aparato industrial militar se conserva intacto, frente a la devastación económica y social de occidente.

Atenidos estrictamente a los hechos, el virus chino ha destruido en tres meses la riqueza de capital acumulado en tres años de gestión de Trump, todos sus éxitos en materia de creación de empleos, arruinado completamente la vitrina de logros domésticos en el año de la reelección, imposible imaginarse una interferencia mayor en los comicios.

Los medios globales, unánimemente anticapitalistas y antiliberales, no se han enfocado en la maniobra china sino todo lo contrario: inventaron una falsa disyuntiva entre salvar vidas o a la economía, como si fueran excluyentes, informan de la reversión del calentamiento global, cómo se ha reparado un tercio de la capa de ozono, reducido a la mitad la emisión de gases de efecto invernadero.

Los más panglosianos celebran cómo hemos rescatado nuestras relaciones familiares, los padres juegan con sus hijos en vez de trabajar, hemos recuperado los verdaderos valores de nuestra existencia alienados por la sociedad de consumo, ahora tenemos tiempo para meditar, saldremos de esto más solidarios; dentro de poco, el virus chino será una bendición en vez de una ignominiosa agresión.

Si este no es “el fin del siglo americano” como sentencia Xi Jinping, sin duda que China es “la amenaza primordial de nuestros tiempos”, como concluyó Mike Pompeo.

Luis Marín

12-04-20

TRES FINALES DE AÑO. Por: Luis Marín. Opinión. Venezuela.

   TRES FINALES DE AÑO

El fin del año Guaidó. De aplicarse el convenio parlamentario vigente hasta ahora, deberían elegir a un nuevo presidente de la Asamblea Nacional para el año restante de gestión; pero eso lleva aparejada la dificultad constitucional de apelar nuevamente al artículo 233 de la constitución sobre la falta absoluta del Presidente de la República y a la imposibilidad de realizar elecciones en un lapso de 30 días, lo que desde el principio contradice la idea de que Guaidó sea “el presidente legítimo”, para elegir a un nuevo Presidente encargado.Por otra parte, se ignora si será reconocido por los Estados Unidos y los otros sesenta países con tanto entusiasmo como acogieron a Guaidó en su oportunidad.

Quizás por estas y otras razones algunos dan por descontado que será reelecto en la AN, lo que traería por vía de consecuencia la encargaduría de la Presidencia de la República, aunque sea harto discutible que la aplicación del segundo párrafo del artículo 233 pueda estirarse hasta allí; sin ignorar que en la practica la AN estaría eligiendo al Presidente de la República, una competencia que no tiene ni siquiera remotamente.

El fin de la AN. Pero para empeorar las cosas, entre los planes del régimen se encuentra adelantar las elecciones parlamentarias probablemente al primer trimestre del año 2020. Lo que es incomprensible, considerando que ya tienen una llamada Asamblea Constituyente plenipotenciaria, supraconstitucional y temporalmente indefinida.

Puestos otra vez a especular, quizás sea un problema de reconocimiento internacional, porque todavía queden algunos agentes responsables que vacilen en suscribir contratos de interés público, empréstitos, convenios internacionales, que requieren la aprobación de la AN, que en el largo plazo puedan ser desconocidos o declarados nulos por no haber cumplido con ese trámite.

Cualquiera que sea el caso, esto dejaría sin base de sustentación a la llamada presidencia encargada y a toda la precaria institucionalidad que ha tratado de construir en otro año aparentemente perdido.

El fin de la Autonomía. El tercer frente abierto por el régimen es contra las Universidades Nacionales llamadas autónomas, a las que, por cierto, ya les quedaba muy poco de “autonomía”.

La disyuntiva es entre hacer elecciones de autoridades mediante un reglamento electoral inconstitucional, arbitrario y profundamente anti universitario o hacerlas mediante los reglamentos que ellas mismas dicten de acuerdo con el principio de autonomía que tiene rango no solo constitucional sino histórico.

En este segundo caso, se exponen a que las elecciones sean declaradas nulas y el régimen proceda a intervenir las Universidades y designar sus autoridades manu militari.

En un momento en que las universidades se encuentran en bancarrota no solo económica sino moralmente, como el resto del país, no puede esperarse una mayor resistencia para este asalto que las convierta definitivamente en “aparatos ideológicos del Estado”.

Lo más probable es que todo termine en una gran negociación, una suerte de reparto de despojos entre bárbaros, como gran finale, de la ópera bufa en que ha devenido nuestra historia.

La esperanza podría cifrarse en lo imprevisto, que a veces se cuela entre los intersticios de la fatalidad, antes de que caiga un telón de oscuridad que puede durar décadas.

Luis Marín

1º de enero de 2020

REFERENDO CONSTITUCIONAL CUBA 2019. Por: Luis Marín #Opinión #Venezuela #Cuba

REFERENDO CONSTITUCIONAL CUBA 2019

Está previsto para el 24 de febrero el referendo aprobatorio de la Constitución castrista, que sustituirá a la vigente de 1976 promulgada por Fidel Castro con el mismo procedimiento: el proyecto elaborado en la sombra no se sabe por quién, es aprobado por unanimidad en la Asamblea Nacional, bajado como lineamiento a discutir a puerta cerrada en el partido y las llamadas organizaciones de masas, luego sometido a ratificación popular, para finalmente ser aprobado con el 98% a favor, un porcentaje idéntico al de participación.

Según el principio del “centralismo democrático” una vez discutido un asunto y aprobado, la minoría debe someterse al dictado de la mayoría y acatar lo que ya es una línea del partido, por lo que no sólo se prohíbe cualquier oposición o divergencia, sino que se toma y se trata como una traición, en este caso, no se permite ni siquiera hacer propaganda por el “NO”, tanto menos organizar la oposición, por lo que no es un referendo propiamente dicho, sino la imposición de una decisión desde arriba hacia abajo, por encima de la voluntad popular.

Pero hay diferencias: en 1976 no se había muerto Fidel Castro, ni desmembrado la URSS, ni derribado el muro de Berlín, ni existían medios de comunicación alternativos por lo que los medios globales podían invisibilizar a la oposición dentro de la isla, ni era imperativa la atención que debe prestarse a un mínimo respeto por derechos humanos fundamentales, en resumen, los secuaces internacionales del comunismo gozaban de absoluta impunidad.

Por ejemplo, Federica Mogherini, Alta Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Políticas de Seguridad, debe rendir cuentas por su concepción de Cuba como “democracia de partido único”, asentada en sus informes sobre derechos humanos. ¿Ella justifica la brutal represión que emplean para mantener semejante régimen? ¿En qué país de la UE existe lo que ella aprueba para Cuba? ¿Es eso compatible con los principios y valores que la UE dice defender y ella representar?

Quien haya visto la investidura de Manuel Andrés López Obrador como Presidente de México debe sorprenderse no tanto por el estrepitoso rechazo a Maduro sino por la ovación inmediatamente dispensada a Miguel Díaz-Canel, tan ilegítimo y tanto o más represivo que éste, así como a Silvio Rodríguez, sin que se sepa a guisa de qué estaba allí, porque no ostenta ningún cargo oficial.

Algo muy malo debe estar ocurriendo en México y en la izquierda en general que no distinguen la causa del efecto, no reconocen el daño que ha dispersado el castrismo durante décadas por toda Latinoamérica, África y el resto del mundo, camuflado bajo la coartada de la revolución socialista mundial, pero en verdad carne de cañón del imperialismo soviético. Condenan al gulag pero no a sus agentes.

Y mientras se denuncian catástrofes humanitarias en Siria, los Balcanes, el cuerno de África, el Sudeste asiático, Venezuela, no se ve o se quiere ignorar en una suerte de ceguera voluntaria que detrás de todas ellas han estado metidas las alianzas estratégicas de Fidel Castro y sucesores.

No puede dejar de causar perplejidad que después del derrumbe de la URSS Castro haya encontrado asidero en el Foro de Sao Paulo; pero liberado Brasil y estando Venezuela ya exhausta, ahora se les abre México como próxima tabla de salvación y con toda seguridad también terminará arruinado por el proverbial parasitismo comunista.

México nunca rompió relaciones diplomáticas ni comerciales con Cuba ni siquiera en las épocas de más alta conflictividad con EEUU y los países de América Latina, cuando hasta Venezuela lo hizo; pero no había experimentado la agresión castrista en su propio suelo, como está a punto de escarmentarla con el gobierno de López Obrador, un izquierdista radical de muy vieja guardia.

Otro hecho sintomático son las casi unánimes votaciones en la Asamblea General de la ONU condenando el embargo de EEUU al régimen castrista, con las únicas excepciones de los votos en contra de Israel y los mismos EEUU (durante la Administración Obama incluso EEUU se abstuvo).

La UE y otros supuestos aliados, aprovechan esa oportunidad para desairar a EEUU de manera completamente gratuita porque la votación no tiene consecuencia alguna; pero se presenta ante el mundo y sobre todo al interior de la isla como que Cuba está derrotando abrumadoramente a los EEUU y son estos los que se encuentran “aislados” y no el régimen de los Castro.

El efecto es puramente propagandístico sin su dejo de burda falsedad, porque no existe tal “bloqueo” como les gusta publicitarlo, pero a los ojos del ciudadano común parece como si la comunidad internacional refrendara esa falacia; tampoco parece que reprobaran un hecho puntual, “el embargo”, sino que apoyaran al castrismo en general contra los EEUU.

La verdad es que los Castro y Compañía tienen que pagarles a ciudadanos norteamericanos y cubanos que fueron despojados de sus bienes sin indemnización alguna por esa supuesta revolución, de un modo arbitrario y por cierto también muy propagandístico.

Por poner solo un ejemplo sobresaliente: el famoso Hotel Habana Hilton, supuestamente expropiado a esa cadena hotelera americana, en realidad fue construido con los fondos de las cajas de retiro del Sindicato de Trabajadores de la Gastronomía, que suscribió un contrato de administración con la cadena Hilton para que regentara el hotel y con los beneficios obtener dinero para pagar las pensiones.

En verdad, “la revolución” no les expropió el hotel a los americanos sino a los propios trabajadores cubanos afiliados al Sindicato de Trabajadores de la Gastronomía; pero eso no da buena prensa, por lo que es mejor seguir con la leyenda antiimperialista.

Hoy el hotel es administrado por la cadena española Meliá Hotels Internacional o Sol Meliá que junto con Iberostar son los principales socios del Grupo Gaviota, empresa del Holding GAESA, tutelado por el general Luis Alberto Rodríguez López-Callejas, yerno de Raúl Castro (no se sabe cuál de esos títulos es más importante).

Más de otras doscientas empresas españolas no muestran escrúpulo alguno en contratar mano de obra esclava, lo que hace más burda la mentira del “bloqueo” y explica mejor la sociedad de José Luis Rodríguez Zapatero y su canciller Miguel Ángel Moratinos con esa mafia militar mercantilista, herencia de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias.

Más grave que el blanqueo de dinero es el blanqueo de palabras: revolución, socialismo, antiimperialismo, son conchas lustrosas, sin contenido; instituciones como presidente, primer ministro, canciller, son todos fachadas vistosas.

Igual que constitución, elecciones, referendo, diálogo, reducidas a mera ficción, que Castro llama “fuegos artificiales” para divertir al público: La cruda realidad es su nudo poder.

El reto para los cubanos es sacudirse ese yugo, todo lo demás se les dará por añadidura.

Luis Marín

09-11-18

lumarinre@gmail.com

EL “NO” DE CUBA. Por: Luis Marín #Opinión #Venezuela #Cuba

EL “NO” DE CUBA

El reto para los cubanos es cómo visibilizar el “NO” al proyecto de Constitución castrista por encima de la propaganda oficial y el alto volumen de la orquesta roja de los medios globales, que si pusieran una fracción del esfuerzo que derrochan tratando de derrocar al presidente Trump y desprestigiar a Bolsonaro, en denunciar la tiranía, ésta no se sostendría.

Cierto que quedaría en vigencia la Constitución de 1976, también írrita y liberticida, pero la clave es no participar, no hacer comparsa a farsas seudoelectorales, para poner en evidencia que los Castro están en minoría y no pueden seguir justificando su tiranía mafiosa con un supuesto apoyo popular nunca demostrado en comicios libres.

Desobediencia y rebeldía es la respuesta que han diseñado los cubanos para oponerse a la perpetuación del castrismo, más allá de que le toque rendir cuentas ante Dios a Castro II que maniobra para dejarle el trono a su delfín, Alejandro Castro Espín, alias “El Tuerto”.

Maniobras enrevesadas porque han esparcido rumores dentro y fuera de Cuba de que su Consejo de Defensa y Seguridad Nacional, que subordina todos los servicios de inteligencia y contra inteligencia del Estado, está siendo desmantelado, en una operación anticipada de lo que ocurre cuando caen las tiranías, para eliminar pruebas y no dejar rastros de tantas operaciones non santas.

Con lo cual parece que lo bajan a un sótano, menos expuesto a la luz pública, donde se tejen y entretejen las intrigas y conspiraciones a las que están habituados, para que tome los hilos del nudo poder, el que se ha reservado Castro II una vez que designó un pelele en la presidencia del Consejo de Estado y de Ministros, Miguel Díaz Canel; mientras él sigue siendo 1º Secretario del Partido Comunista y Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas.

Es una ironía del destino que mientras imponen su régimen en Venezuela en contrapartida la situación generada aquí les sirve como modelo para remozar el sistema allá, en la metrópolis, poniendo un fantoche bajo los reflectores para distraer la atención mientras un comité militar controla en la sombra los negocios; al extremo de que están fabricando una jesuítica “oposición leal” para cubrir los estándares democráticos occidentales.

El desafío más grave es si los verdaderos opositores terminarán por sucumbir en la mazmorra “segregados, aislados y silenciados, por irresponsables y violentos” como dicen los colaboracionistas venezolanos, que descalifican a los voceros de La Resistencia como radicales o “confrontacionales” (¿Existirá esa palabra?).

Todo parece “atado y bien atado” en la familia: el general Luis Alberto Rodríguez López-Callejas, yerno de Raúl Castro, porque se divorció de la hija pero no del jefe, maneja el Grupo Administrador de Empresas S.A. (GAESA), un súper monopolio que controla toda la economía del archipiélago.

Raúl Guillermo Rodríguez Castro, su hijo con Deborah Castro, es el jefe de la Dirección General de Seguridad Personal, título demasiado largo para un guardaespaldas, conocido como Raulito, el nieto en jefe, alias “El cangrejo”, porque dicen que nació con seis dedos.

Mariela Castro Espín, diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular, es jefe del Centro Nacional de Educación Sexual, promotora y representante de los derechos de la llamada comunidad LGBTI, mejor conocida como La Infanta, hija del Rey, tiene entre otros el título de visitante ilustre de Montevideo, Uruguay.

Se dio el lujo de declarar al diario El País de Madrid que Fidel Castro es un revolucionario y Franco un fascista, por lo que los procesos de Cuba y España no son comparables, así que ni hablar de transición en la isla, plantearlo sería un acto de neocolonialismo español.

Devota del sistema de partido único, en lo que se da la mano con Federica Mogherini, Alta Representante de la Unión Europea Para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, para quien Cuba es “una democracia de partido único”, doctrina asentada en el informe global sobre Derechos Humanos (¡!) del Servicio Europeo de Acción Exterior.

El argumento, que conocemos a la saciedad en Venezuela, es que allí se realizan elecciones periódicas. Aunque “las nominaciones de candidatos a delegados a escala provincial y nacional se acuerdan en una asamblea de nominación, compuesta por representantes de las organizaciones de masas y políticas, presididas por un representante del Partido” Comunista de Cuba; (…) por lo que “en el marco electoral actual los aspirantes que no representen posturas dominantes del Partido o las organizaciones de masas no llegan a convertirse en candidatos”.

Federica Mogherini es militante comunista desde su infancia, miembro de la Federación Juvenil Comunista Italiana (FGCI), rama juvenil del Partido Comunista Italiano (PCI) hasta su disolución en 1990, poco antes del desmantelamiento de la URSS.

De allí paso a la organización heredera Sinistra Giovanile (SG), cuando se hizo mayor pasó al Partido Democrático de Izquierda (PDS) desde 1998 llamado simplemente Demócratas de Izquierda (DS). Vicepresidente de la Organización de Juventudes Socialistas de la Comunidad Europea (YES), secretaria del Foro de la Juventud de la FAO, lidera campañas contra el racismo y la xenofobia.

Lo más relevante de su carrera es su profunda filiación al mundo árabe y musulmán, que incluye una firme posición “pro palestina” y antisemita. Su tesis de grado se refiere a los “aspectos filosóficos de la relación entre la práctica religiosa y política en el Islam”.

Visitó personalmente, como representante del partido, a Yasser Arafat en su bunker, La Mukata, en Ramallah, mientras era asediado por el ejército israelí, en julio de 2002, de lo que dejó como testimonio una foto que colgó en su blog y retiró pudorosamente cuando fue designada Ministro de Relaciones Exteriores de Italia durante la administración de Mateo Renzi, quien la impuso en el alto cargo que ahora ostenta.

Esto hace comprensible su adhesión al concepto de “Democracia de Partido Único” y la subscripción de su “Acuerdo de Diálogo Político y de Cooperación UE-Cuba”, en el que las palabras “diálogo” y “cooperación” están inextricablemente unidas: ¡Dialogo y cooperación con una tiranía comunista!

Una dificultad que plantea la lucha contra el totalitarismo es que, como se dice en criollo, “no tiene orilla”, no hay por dónde agarrarlo. No existe ningún país, ninguna sociedad que se haya liberado de un régimen totalitario por sí misma, sin ayuda exterior.

Como es un fenómeno global no se puede atacar sino globalmente. Hoy se identifica a La Habana, Managua y Caracas como el eje del Mal; pero ¿cómo vencerlos si tienen apoyo en EEUU y la UE? Castro tiene más seguidores allí en número, poder y riqueza, que en Cuba.

El alcalde de New York, alias Bill de Blasio, es sandinista de viejo cuño y tiene una red de apoyo al régimen denominada precisamente “red”, rojo. Obama es comunista de closet; pero Bernie Sanders lo es fuera del closet. Federica Mogherini supera a todos en fanatismo.

El desafío es enorme, pero no debe ser mayor que la imaginación de cubanos, nicas y venezolanos, aliados contra una misma tiranía.

Luis Marín

25-11-18

REMISIÓN:

From: Luis Marin lumarinre

Date: dom., 25 de nov. de 2018 a la(s) 17:11
Subject: EL “NO” DE CUBA
To: Sammy Landaeta Millán sammylandaeta

PROYECTO DE CONSTITUCIÓN CASTRISTA. Por: Luis Marín #Opinión #Venezuela

PROYECTO DE CONSTITUCIÓN CASTRISTA
“El Partido Comunista de Cuba, único, martiano, fidelista y marxista-leninista, vanguardia organizada de la nación cubana, sustentado en su carácter democrático y la permanente vinculación con el pueblo, es la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado. Organiza y orienta los esfuerzos comunes hacia la construcción del socialismo”, dice el artículo 5 del proyecto de Constitución sometido a la consideración de los electores para su segura aprobación en referendo previsto para febrero de 2019.Se anuncia que de la Constitución anterior, de 1976, se conservan apenas 11 artículos, se eliminan 13 y se modifican 113 para un total de 224 artículos, 87 más que la vigente; pero, ¿qué se conserva, elimina o modifica y en qué sentido? Este artículo 5 puede servir de ilustración, concatenándolo con otros correlativos.

Por ejemplo, se agrega el adjetivo “único”, con lo que se formaliza lo que ya ocurre en la práctica, la exclusiva supremacía del Partido Comunista; aunque evidentemente haya otros partidos que son obligados a la clandestinidad, ahora con rango constitucional, es decir, que además de ilegales serán también inconstitucionales.

Se añade “fidelista”, un adjetivo cuyo contenido habría que precisar para atribuirle algún valor jurídico constitucional; pero ya se sabe que el sentido es más bien político ideológico, el viejo “culto a la personalidad” estalinista, tan pintoresco en Corea del Norte y que Castro dijo que nunca se vería en Cuba, entre tantas otras mentiras. Decía que ni una calle llevaría su nombre y ahora nada menos que la Constitución es “fidelista”.

Se agrega la frase “sustentado en su carácter democrático y la permanente vinculación con el pueblo”; donde introducen las dos palabras clave “democracia popular”, que es lo que había en las repúblicas del este europeo antes del derribo del muro de Berlín en 1989.

Y es que los comunistas hacen un uso sibilino de la palabra “democracia” que para ellos no se opone a “dictadura”, como ocurre en la mentalidad occidental, sino al contrario, se identifica con ella. La democracia real que predican no es la formal que llaman burguesa, ni de la clase proletaria que decía Marx, sino la dictadura revolucionaria de todo el pueblo.

Asimismo, contra la democracia representativa actualizan el mito de la democracia directa, mediante asambleas aclamatorias donde las decisiones se toman a mano alzada, lo que bajo un régimen de terror deriva en una tiranía tumultuaria.

Eliminan “los altos fines de” la construcción del socialismo, un cambio casi cosmético a menos que se piense que la construcción del socialismo ya no es un “alto fin”; también eliminan al final “y el avance hacia lo sociedad comunista”, que además de servir para los titulares de sus propagandistas en el exterior (BBC, CNN, DW, NYT, RFI, el diario El País de Madrid, et al), sugiere que el comunismo quizás ya no se encuentre inexorablemente al final de los tiempos ni siquiera en las mentes de los redactores de este proyecto.

Pero hurgando un poco más en profundidad se observa que según la doctrina clásica la dictadura es un régimen de excepción, vinculada por definición a una finalidad que, una vez cumplida, la hace superflua. La eliminación del fin que la justifica implica la declaración de una dictadura sine fine, una dictadura perpetua.

El artículo 3 concluye diciendo: “El socialismo y el sistema político y social revolucionario, establecidos en esta Constitución, son irrevocables (agregado).

Los ciudadanos tienen el derecho de combatir por todos los medios, incluyendo la lucha armada, cuando no fuere posible otro recurso, contra cualquiera que intente derribar el orden político, social y económico establecido en esta Constitución”.

El primer párrafo recoge la reforma constitucional de 2002 que fue la brutal respuesta del régimen al Proyecto Varela, que pretendía introducir algunos cambios en el sistema en forma pacífica, utilizando su propia legalidad, apelando a la iniciativa legislativa popular prevista en el artículo 88, 4) vigente.

Si a esta declaración de irrevocabilidad le sigue un párrafo que incluye la “lucha armada” contra quien siquiera lo intente entonces es forzoso concluir que el régimen excluye toda posibilidad de tal cambio pacífico. Para ellos es casus belli.

El uso de las armas presupone la disposición a matar a cualquiera que intente desplazar al Partido Comunista del poder, que no es una abstracción sino personas reales y concretas que detentan la jefatura de todas las instituciones públicas, sean ejecutivas, legislativas, judiciales, fuerzas armadas, policía secreta o de orden público, incluyendo las empresas industriales y comerciales que son nominalmente monopolio del Estado, en verdad, privilegios de la élite gobernante, la nomenclatura.

Si cupiera alguna duda, remata el artículo 224: “En ningún caso resultan reformables los pronunciamientos sobre la irrevocabilidad del socialismo y el sistema político y social establecidos en el artículo 3. (…)”

De manera que no solo el socialismo es irrevocable, sino que los artículos de la Constitución que establecen esta irrevocabilidad se declaran inmodificables, amenazando a quien lo pretenda con “la lucha armada”, es decir, que los van a matar si lo intentan.

Es muy difícil para quienes tengan una idea garantista de la Constitución, esto es, que su razón de ser es garantizarle a los ciudadanos ciertos derechos frente al poder, por lo que su principal función es ponerle límites a ese poder, mediante un sistema de frenos y contra pesos, considerar a un instrumento de esta naturaleza siquiera como tal “Constitución”.

No es una auténtica Constitución, como no lo fue su modelo, la estalinista Constitución Federativa de la URSS, de 1936, de la que copia párrafos enteros letra por letra, como “la traición a la Patria (…) es castigada con todo el rigor de la ley como el más grave de los crímenes”, de su artículo 133; principios, como el rancio “de cada uno según su capacidad, a cada uno según su trabajo” del artículo 12; galimatías como “la propiedad socialista de todo el pueblo” y el supersticioso repudio a “la explotación del hombre por el hombre”.

El concepto de “explotación” o se rechaza de plano o se sucumbe a él fatalmente: todo el que trabaje para otro, así sea para “el pueblo”, es explotado. Quien trabaje para sí mismo, se autoexplota.

Si se toma en serio esta “ideología constitucional” se concluye en que nadie debería trabajar para nadie, lo que es una absurda “negación dialéctica” de la doctrina de Marx que pone el trabajo como punto de partida, base y sustento de toda sociedad y de la Historia.

Los comunistas impondrán su resolución por la fuerza, como siempre lo han hecho, si no se les impide de algún modo; pero el simple hecho de que prohíban hacer campaña por el “NO” es una demostración flagrante de que no existe libertad de elección.

Y si no hay libertad no hay contrato que valga, tanto menos un contrato social.

Luis Marín

11-11-18

REMISIÓN:

From: Luis Marin lumarinre@gmail.com
Date: dom., 11 de nov. de 2018 a la(s) 17:03
Subject: PROYECTO DE CONSTITUCIÓN CASTRISTA

JAIR MESSIAS BOLSONARO: LA RESPONSABILIDAD DE BRASIL. Por: Luis Marín #Opinión #Venezuela

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JAIR MESSIAS BOLSONARO: LA RESPONSABILIDAD DE BRASIL

   JMB es el primer político brasileño en reconocer la gran responsabilidad de Brasil en la expansión del socialismo en los países de la subregión, de la que es el centro geopolítico, así como en afirmar que esta situación tiene que cambiar y va a cambiar: si patrocinó nuestra perdición, está bien que ahora auspicie nuestra salvación.

Lula Da Silva y su Partido de los Trabajadores comprometió el peso gravitacional del país más extenso y poblado de Sudamérica en su proyecto personal de crear una nueva Internacional en torno al Foro de Sao Paulo que fundó junto con Fidel Castro en 1990.

En muchas oportunidades superpuso el interés partidista por encima de la política de Estado que hasta su gobierno había caracterizado a la diplomacia brasileña, por ejemplo, basta recordar los meses entre 2009 y 2010 que Manuel Zelaya estuvo parapetado en la embajada de Brasil en Tegucigalpa, introducido en una operación rocambolesca en que intervinieron vehículos y personal diplomático, para arengar desde allí a sus seguidores en un intento fallido por desestabilizar al país.

JMB declara que el Foro de Sao Paulo es un ente extraño incrustado en el país y que debe ser extirpado, una tarea que presenta como promesa de campaña para ser elegido presidente, lo que despierta tanto entusiasmo en sus seguidores como las más virulentas reacciones de la izquierda global.

Es un caso poco común en que se han invertido más dinero y esfuerzo en la campaña contra el candidato que lo que se ha puesto a favor; pero, para sorpresa de algunos, el efecto se ha revertido contra los instigadores.

Es imposible no advertir que la ola de epítetos, insultos y descalificaciones que se lanzan contra JMB son exactamente los mismos que se arrojan contra el ahora presidente Trump: machista, misógino, homofóbico, xenófobo, racista, supremacista blanco, fascista y así ad nauseam; aunque ninguna de estas cosas hayan estado jamás en su pensamiento y acción.

Por ejemplo, cuando emite su voto a favor del Impeachment a Vilma Rousseff, lo dedica “contra el comunismo, contra el Foro de Sao Paulo, a la memoria del coronel Carlos Alberto Brilhante Ustra, a nuestras FFAA, a Brasil primero que todo y a Dios por encima de todos”.

Pero el “periodismo” de izquierda omite todo esto y se concentra sólo en el coronel, a quien acusan de aplicar violaciones como método de tortura. Acto seguido, toman esta descalificación como si fuera compartida por JMB, para quien el coronel es un héroe que se enfrentó y derrotó a la guerrilla marxista, para concluir en que JMB apoya la tortura.

Una diputada da un paso más y ya no es sólo que apoye la violación sino que él mismo es un violador; como quiera que JMB se indigna y le contesta en los mismos términos, entonces los medios lo convierten en un “agresor de mujeres”. Luego les extraña que la gente común odie las manipulaciones mediáticas y se vuelquen en contra de ellas.

O cuando la BBC de Londres lanza el bulo de que un ex-miembro del KKK se habría expresado en forma favorable a JMB (como lo hacen millones de negros, mujeres e incluso gays; pero no tienen la primera página de la BBC) censurando de paso su apoyo a Israel, éste tuvo que contestar que “para ser consistentes deberían apoyar al candidato de la izquierda al que le encanta segregar la sociedad”, porque su mensaje es precisamente el contrario, no separar negros y blancos, pobres y ricos, como hacen los comunistas.

Un candidato acusado de nazi declara que tan pronto sea elegido el primer país que visitará, como cristiano, será Israel. Promete trasladar la embajada a Jerusalem, la capital única, eterna e indivisible. Finalmente, cerrará la llamada “embajada palestina” en Brasil, una entelequia plantada por la bizarra diplomacia de Lula, a contrapelo de la tradicional sobriedad de Itamaraty.

Una curiosa coincidencia es el firme apoyo que ha conquistado JMB en las Iglesias evangélicas, que como cristianas también se identifican con Israel, tal como ocurre en los EEUU respecto del presidente Trump.

Probablemente esto se deba a su firme defensa de la familia cristiana, en oposición a las uniones entre personas del mismo sexo y la llamada ideología de género, que tiene como rasgo más sobresaliente que no admite refutación ni oposición alguna, so pena de ser declarado “homofóbico” y sufrir el linchamiento de los medios globales, que promocionan una agenda LGBTI como si fuera el centro del mundo y no llega ni al 1% de la población.

Otro punto es su diáfana oposición al aborto en defensa de la vida, lo que explica la tormenta de algunas llamadas feministas y el estigma de “misógino”, aderezado con acusaciones de desprecio y subestimación de la mujer; aunque sea imposible encontrar algún vínculo lógico entre la despenalización del aborto y la emancipación de la mujer o su equiparación laboral con el hombre.

Más controvertida es su propuesta de autorizar el porte de armas para la legítima defensa de las personas honradas, acogotadas por el acoso del hampa, generalmente mejor armada que la misma policía.

Aquí también se destaca el  paralelismo con los EEUU, donde cada vez que hay un tiroteo en un lugar público con víctimas fatales, de inmediato la izquierda, a través de su monopolio mediático, desata la furia contra el porte de armas que allá tiene rango de derecho constitucional.

Es curioso que cuando los terroristas islámicos utilizan camiones para atropellar a una multitud o cuando se estrella un avión con todavía más víctimas, la izquierda no pretenda igualmente proscribir la posesión de camiones o el vuelo de aviones.

Lo cierto es que siempre se destaca la muerte de inocentes “por culpa” de las armas, pero ni se mencionan cuántas personas y bienes se han salvado gracias a la intervención oportuna de un agente armado. Como dicen los americanos, la única manera de neutralizar a unos chicos malos armados es oponiéndoles unos chicos buenos mejor armados.

En conclusión, las armas no son culpables de nada sino quienes las utilizan que pueden hacerlo para bien o para mal. Los terroristas pueden prescindir completamente de las armas de fuego y apelar a los cuchillos, como hacen en Israel y han copiado en Brasil, porque son fáciles de adquirir, difíciles de detectar y casi imposible de seguirles el rastro una vez  perpetrado el crimen.

Propone sacar a Brasil de la ONU que considera un nido de comunistas, sólo habría que corregirle que también de extremistas islámicos; asimismo del Acuerdo de París sobre cambio climático, tal como hizo Trump apenas llegado a la presidencia.

JMB acusado de violento, armamentista y todos los epítetos habituales, fue quien sufrió un apuñalamiento que casi le cuesta la vida. Los medios trataron de trivializar el ataque imputándoselo a Dios que habría mandado al autor material a perpetrarlo, aunque rápidamente se descubrió que no era ningún loco sino un fiel militante del PT de Haddad.

Dejan en evidencia que lo que les molesta es que JMB ponga a Dios por encima de todos, otra batalla que los rojos jamás podrán ganar.

Luis Marín

21-10-18

 

JEREMY CORBYN: EL ENEMIGO CONSECUENTE. Por: Luis Marín #Opinión #Venezuela

JEREMY CORBYN: EL ENEMIGO CONSECUENTE

Un apoyo de Chávez y ahora de Maduro en Europa es JC, líder del Partido Laborista Británico, su vocero en el Parlamento y seguro candidato a Primer Ministro en las próximas elecciones, lo que presagia un porvenir siniestro, en el estricto sentido de la palabra, para la Libertad.

JC llama públicamente a Maduro para felicitarlo, no se sabe por cuál de sus grandes logros y se despide convencido de que ambos luchan por la misma causa, que otro mundo es posible, “otro mundo de socialismo, de paz, sin pobreza”.

A la muerte de Chávez declara que “es una gran inspiración para todos nosotros, luchando contra las políticas de austeridad y de economía neoliberal en Europa, mostrando que hay diferentes y mejores maneras de hacer las cosas: eso se llama socialismo, eso se llama justicia social y esto es algo en lo que Venezuela ha dado grandes pasos”.

“Millones de personas en Venezuela no quieren volver ¡a la corrupción!, ¡a la autocracia!, ¡a la clase obrera en la calle!, ¡a que se le negara la educación al pueblo!, este es el momento del cambio…”.

Lo primero que salta a la vista, además de su ignorancia supina sobre la situación real en Venezuela, es que se forma un criterio basado en su “percepción por contraste”: si Estados Unidos critica al régimen, algo bueno debe estar haciendo; reforzado en su “percepción por identificación”: si Cuba lo apoya, ¿qué más hace falta? Todo lo que digan los  medios sobre lo que pasa aquí, no importa lo bien documentados que estén, es “propaganda imperialista”.

Al anuncio de la muerte de Castro declaró que es “la mayor (huge) figura de nuestras vidas”. “El héroe revolucionario más importante en la historia de todo el planeta en el siglo XX, desde su revolución en 1959…”.

“Él brinda un servicio de salud de buena calidad para todo el pueblo de Cuba, una educación de buena calidad para todo el pueblo de Cuba y, por supuesto, tuvo una política exterior global, pero particularmente importante en África apoyando a Angola contra el régimen del apartheid.” “La historia mostrará que Castro fue algo como la figura clave, él es alguien que estará con nosotros para siempre.”

Lo que resulta más desconcertante es contrastar a JC consigo mismo, por tomar sólo un ejemplo, es un crítico acerbo y despiadado del sistema educativo británico, que considera un obstáculo para el ascenso social, lo que ya es extraño en un socialista. ¿Cómo puede preferir aquella lavadora de cerebros, esa fábrica de adoradores de Castro, donde los niños gritan diariamente: “Pioneros por el comunismo: ¡Seremos como el Che!”? Y movilizados para perpetrar los llamados “actos de repudio” contra disidentes a los que llaman gusanos.

¿Qué logros científicos y tecnológicos, cuántas innovaciones que hayan cambiado nuestras vidas han salido de allí? ¿Cómo puede preferir eso a un sistema educativo donde van a formarse las élites de todo el mundo, desde China y Rusia hasta los reinos árabes?

Una posible explicación es que JC no juzga los sistemas educativos por sus contenidos ni por sus resultados sino por su “equidad”. Lo que no soporta del sistema británico es su desigualdad, mientras que el cubano sería, según él, igualitario; a despecho de que la aristocracia revolucionaria castrista sea más exclusivista que la aristocracia británica.

JC ha conducido al PL a abandonar la socialdemocracia o la tercera vía de Tony Blair, para tomar una deriva extremista, abiertamente anticapitalista y antiliberal. Si tuviera que elegir a un héroe para poner en su escritorio dice que elegiría, entre muchos, a Salvador Allende.

Sus humildes partidarios lo alaban por decir “algo genuino”; los académicos porque sería “completamente honesto, absolutamente decente” y él se esfuerza por parecer simple y llano, con un meticulosamente estudiado aspecto desaliñado, tipo “working class”, aunque nunca haya trabajado porque es un revolucionario profesional desde la adolescencia; pero lo grave es que bien se le podría llamar, sin ofender,  míster medio-discurso.

Por ejemplo, de Chávez dice que “habla a favor de los palestinos”, no que maldice a Israel desde el fondo de su alma, de sus vísceras, dos piezas inseparables del discurso chavista.

Interrogado sobre si es marxista, confiesa que ha leído poco a Marx, lo que es muy creíble, pero se siente cautivado por su visión de la historia, digamos, el paso del feudalismo al capitalismo, pero hasta ahí; nada del paso del capitalismo al socialismo que fatalmente lleva a la dictadura del proletariado, algo que Marx consideraba su mayor descubrimiento; ahora bien, lo que se opone a la libertad en la historia es la necesidad, la predeterminación.

JC arremete contra Donald Trump en el Parlamento por echar abajo los acuerdos sobre refugiados, sobre el cambio climático, dice que aprueba el uso de la tortura (¿?), que incita el odio contra los musulmanes y ataca directamente los derechos de las mujeres. ¿Qué más tendría que hacer para que su invitación a visitar al Reino Unido sea revocada?

En cambio, invita a “nuestros amigos” de Hamas y Hezbollah al Parlamento, incluso a un jeque extremista, Raed Salah, que ha hecho fama y fortuna con la tesis de que los atentados del 11 de septiembre de 2001 fueron perpetrados ¡por los judíos!

Asimismo, el apartheid no es un hijo legítimo del colonialismo británico en Sudáfrica, como lo es la invención de los campos de concentración, sino que es propio ¡de Israel!

Declara que “algunos sionistas no entienden la ironía inglesa, a pesar de haber vivido en el RU por muy largo tiempo, probablemente todas sus vidas”, con lo que traza una línea poniendo a los ingleses dentro y a los judíos que llama despectivamente “sionistas”, afuera, ergo, no son nacionales sino extraños, aunque llegaran hace casi mil años con Guillermo El Conquistador.

JC se resiste a suscribir la definición de antisemitismo de la Alianza Internacional en Memoria del Holocausto, aprobada por 31 países incluso el RU, porque él mismo cae dentro de los ejemplos de esa definición y arrastra al PL a esa repugnante polémica.

Para JC y sus amigos difamar a Israel diciendo que es un “Estado nazi” y que su mera existencia es un “proyecto racista” constituye un derecho, puro ejercicio de la libertad de expresión.

En la manifestación que encabezó contra la visita de Trump proliferaron las banderas de la Rebelión Árabe, las consignas contra “la ocupación” y “la liberación de Palestina desde el río hasta el mar”, algo incomprensible si el repudio era contra el presidente de EEUU.

No obstante, dice que él no es antisemita y que el antisemitismo no tiene cabida en el PL, un partido oficialmente racista, que dio el peligroso paso de asumir el antisemitismo político, esto es, utilizar el odio contra los judíos como factor de unidad nacional contra el extraño, como herramienta de agitación, movilización, organización y propaganda. Una historia tan harto conocida como sombría.

Si a sus camaradas no se les ocurre nada mejor que llamarlo honesto y decente lo de lamentar es que en el RU se haya perdido por completo el sentido de la decencia.

Luis Marín

16-09-18.

lumarinre@gmail.com

OPINIÓN LIBERAL. Por: Luis Marín #Opinión #Venezuela

OPINIÓN LIBERAL   

Nada es más poderoso que una idea a la que le ha llegado su hora, se repite frecuentemente. A una sociedad harta de colectivismo, controles y uniformes le bastaría fijarse en lo que los comunistas abominan para descubrir su norte: pluralismo, capitalismo, propiedad privada, libre iniciativa, economía de mercado, es decir, la orientación que debe seguirse para salir de ellos, del socialismo en cualquiera de sus variantes.

Curiosamente, a pesar de su bondad esencial e inmenso atractivo, las ideas liberales tienen un pésimo mercadeo, de hecho, hasta hace poco, casi nadie las defendía abiertamente y eran casi un insulto del que había que defenderse, como que llamen a alguien “neoliberal”, pero con la intención de insultarlo o descalificarlo.

La izquierda siempre ha operado de la misma manera, poniendo “el mundo al revés”. Desde el mismo nacimiento de su distinción respecto a la derecha, que ritualmente se remonta a la ubicación de las facciones en la Asamblea Nacional Francesa, nunca se aclara quién tomó primero su posición y debió ser la derecha, que esta a la diestra del poder en oposición a la siniestra, esto es, los que representan al Bien en oposición a los que representan al Mal.

“Una chispa de Dios arde incluso en Samael, la encarnación del Mal, el otro lado o lado izquierdo”, dicen los cabalistas. “Sitra ahra, el lado malo y sitra di-smala, el lado izquierdo, son metáforas muy frecuentes para referirse al poder demoníaco” (G. Scholem).

En la izquierda se ubican los que rechazan a Dios, materialistas, comuneros, que lo proclaman con desafiante orgullo; frente a creyentes, idealistas, que se orientan por fines trascendentes, el clero, la nobleza, los que en una sociedad normal se consideran de buena familia, aquella que estos revolucionarios luchan por subvertir.

Con el tiempo la propaganda incesante ha logrado en cierta forma invertir las cosas, trocar lo que solía considerarse bueno en malo y viceversa, alabar la vulgaridad y descalificar la urbanidad, ostentar la ignorancia y humillar la cultura, vestirse palurdamente para hacerse el popular y rebajar la decencia, preferir la grosería al buen gusto: la lista puede ser tan interminable como conocida, por lo que podemos abreviarla.

Un ejemplo es la manida expresión “ser rico es malo”, de donde debería deducirse que “ser pobre es bueno” y la extrema pobreza entonces es extremadamente buena. Lo inexplicable es cómo pueden presentar como un logro del régimen haber disminuido la pobreza extrema, ni porqué pretenderían eliminar la pobreza, en general.

El discurso comunista nunca ha sido coherente y jamás ha conquistado a ninguna mayoría en ninguna parte, tanto es así que su progreso siempre ha sido clandestino, ocultándose a sí mismo hasta un momento ulterior en que, una vez en el poder y vistos los excelentes logros de su administración, entonces quizás podrían revelarse como lo que siempre fueron, para recoger los laureles; o no, mantenerse para siempre en la sombra de sus conspiraciones.

El discurso liberal ha incurrido en el error de confiar en que podría imponerse por sí mismo, por su invencible lógica interna, que sería aceptado pacíficamente por cualquiera que se limitara a considerar las cosas del mundo con cierta imparcialidad.

Hoy en día parece bastante claro que individuos dispersos actuando cada uno por su cuenta no pueden permanecer libres enfrentados con las formidables organizaciones totalitarias de los socialistas.

La paradoja de los liberales es que el individualismo no se aviene para nada bien con la organización colectiva, algo en que los socialistas llevan una amplia ventaja por su misma mentalidad colectivista.

Pero una economía de mercado, con libre iniciativa y respeto a la propiedad privada requiere de un contexto jurídico y político que le sea propicio, no puede existir en un Estado que esté controlado por socialistas, que tienen en estos factores a sus enemigos doctrinarios.

De manera que todo parece muy claro: los liberales tienen que promover un movimiento de opinión profundo, que cambie la mentalidad y la percepción que tienen las personas no sólo del liberalismo, por un lado, sino de los enemigos de la libertad, por el otro. Hay que poner el mundo otra vez al derecho, así como Marx se ufanaba de haber puesto a Hegel de cabeza, invirtiéndolo todo, se deben poner de nuevo los pies sobre la tierra.

Es increíble que no exista un movimiento de trabajadores liberales, orgullosos de sus empresas, con sentido de pertenencia y espíritu de cuerpo. Es falso que el liberalismo sea un movimiento por y para los empresarios, cuando en realidad los que más se benefician de él son los trabajadores, las personas que luchan por salir de abajo y ascender en la vida.

Raya en lo insólito que incluso los mismos comunistas lo pasan mejor, tienen más derechos y disfrutan de más seguridad en un régimen liberal que bajo uno comunista, que pugnan por imponer, donde, por lo que demuestra la historia, son los subsiguientes aplastados por la maquinaria burocrática totalitaria, de manera que, si supieran lo que les conviene, no encumbrarían a sus futuros verdugos.

Las ideas de libertad señalan el norte del que no hay que desviarse nunca, resistiendo los cantos de sirena que pregonan la supremacía de lo colectivo sobre lo individual, siendo la verdad que el único camino para alcanzar el Bien Común es a través de la satisfacción de los intereses individuales, lo inverso resulta, sencillamente, absurdo.

Y cuando se gana la batalla de las ideas lo demás se nos da por añadidura.

Luis Marín,

26-08-18.

REMISIÓN:

From: Luis Marin lumarinre@gmail.com
Date: dom., 26 de ago. de 2018 a la(s) 17:17
Subject: OPINIÓN LIBERAL

EL REINO FINAL DE ESTE MUNDO. Por: Luis Marín #Venezuela #Opinión

EL REINO FINAL DE ESTE MUNDO

“Venezuela es el país del futuro y siempre lo será”, dice un viejo chiste criollo; del comunismo marxista puede predicarse lo mismo: coloca su utopía salvadora al final de los tiempos donde ninguno de los contemporáneos podrá vivirla porque se aleja, como el horizonte, para quien más se empeñe en alcanzarla.

La ilusión de que vendrá un Fin de los Tiempos y será un Reino de Justicia y Paz es de origen religioso; pero el comunismo se apropió sin empacho de esta superstición tan arraigada en la credulidad popular para hacer su proselitismo político.

El mundo futuro nunca llegará, por definición, por eso es “futuro”, si se materializara dejaría de serlo; pero más allá de toda demostración y de lo que indican sucesivas experiencias históricas, sirve estupendamente para sobrellevar las tribulaciones presentes.

Las vicisitudes cotidianas se toman como transitorias, incluso como trámites necesarios para llegar al mundo venidero: “El presente es de lucha, el futuro es nuestro”, se lee y se oye repetir en la insistente propaganda guevarista o castrista, apuntando sus miras lejos de los apremios palpables que acarrea la llamada revolución socialista.

No estiman las maldades concretas que perpetran sublimándolas en un venturoso porvenir; aunque nadie pueda explicar cómo es que malas acciones presentes puedan conducir a buenos resultados futuros. Eso es encubrir hechos con ilusiones.

Marx no se ocupó en explicar ni describir cómo sería ese mundo del comunismo científico, salvo generalidades como salir del reino de la necesidad al de la libertad, donde el hombre recuperaría su humanidad de la que habría sido despojado al alienarlo del producto de su trabajo, que es la materialización de su esencia; quizás precisamente por mantener una actitud “científica” y superar el socialismo utópico que tanto deploraba.

Pero aun visto en su expresión teórica “de cada uno según su capacidad y a cada cual según su necesidad”, es de una sorprendente inconsistencia. Resulta incompatible con la idea de justicia como igualdad, tan cara a los socialistas, como a la proporcionalidad, de raigambre aristotélica y tomista. Las capacidades de unos pueden ser tan inmensas como las necesidades de otros y puestas en contraste, mientras mayores sean, el abismo de la injusticia no hará sino ampliarse hasta precipitar en él toda esperanza de Justicia y Paz.

El comunismo no es el reino de la igualdad ni siquiera teóricamente; tanto menos en la práctica, donde se observa que las sociedades que lo adoptan como ideología oficial son muchísimo más desigualitarias que las sociedades liberales, donde impera el principio de igualdad ante la Ley.

Es falsa la disyuntiva que plantean algunos politólogos entre libertad e igualdad, considerándolas incompatibles o que una actúa en detrimento de la otra. En verdad, quienes sacrifican la libertad en aras de la igualdad se quedan sin ninguna de las dos, perdiendo de paso la justicia.

Son muchos los reproches que se pueden hacer a Marx, al marxismo y a los marxistas, juntos o por separado; por ejemplo, el trato desconsiderado, intolerante e intransigente que Marx le propina a quienes quiere, menos que refutar, destruir, no puede criticársele sino a él mismo, como persona, aunque lo haya transmitido íntegramente a sus sucesores.

Caso distinto son los defectos de su doctrina, digamos, su determinismo económico, que reduce el resto de la dimensión humana a una “superestructura” derivada del modo de producción. O su concepción de la historia, como una serie concatenada de eventos materiales entrelazados en una red causal que conduce a un resultado inexorable. Otra falsedad, en verdad no hay “causalidad” en la historia, como tampoco hechos “necesarios”.

Todavía se pretende discutir si los crímenes cometidos por sus seguidores, Lenin, Stalin, Mao, Pol Pot, Castro (la lista podría ser interminable), son imputables a Marx, a su doctrina o si son desviaciones, malas interpretaciones, pésima implementación de lo que, visto de otro modo, sigue siendo plausible, expresión de aspiraciones legítimas o comprensibles, frente a las injusticias siempre presentes en la sociedad humana.

“Nadie puede detener el avance de los pueblos”, dicen los afiches en el centro de Caracas; una concepción marxista llevada a consigna política: detrás se vislumbra la vieja Rueda de la Historia, que nada puede detener ni interponerse a su paso, so pena de ser aplastado.

Asimismo la concepción conflictivista que lleva de asumir la vida como “lucha” a descubrir el antagonismo en las más triviales transacciones de la vida cotidiana, lo que conduce a la pretensión de regular todo comercio porque les resulta imposible pensar las relaciones mercantiles si no es en términos de contradicción, donde lo que gana uno lo pierde el otro y todo el que se enriquece es en detrimento de los demás.

A pesar de que una de las profecías de Marx más clamorosamente desmentida por la realidad es la depauperización progresiva de toda la población en contraste con la acumulación creciente en manos de un número cada vez más exiguo de capitalistas, algo que no ocurrió ni hay la menor posibilidad de que ocurra en una sociedad abierta, de mercado, aunque sí, paradójicamente, bajo el comunismo, en que un puñado de militares y burócratas del partido son los dueños de todo.

Como epílogo podría ponerse la célebre tesis 11 sobre Feuerbach, según la cual “los filósofos se han limitado a interpretar el mundo de distintos modos; de lo que se trata es de transformarlo”, que siempre se alza como estandarte de lucha por el cambio social. La verdad, el mundo se transforma de todas maneras con o sin los filósofos y mejor sin la intervención de los comunistas.

Y este es el punto final, porque si los marxistas fueran consecuentes consigo mismos no deberían hacer nada sino dejar que las fuerzas productivas y las relaciones de producción resuelvan su conflicto espontánea y naturalmente, sin sus interferencias distorsionantes.

Sería mucho mejor para ellos y para quienes terminan siendo sus víctimas propiciatorias.

Luis Marín

27-05-18

EXPLOTADOS Y EXPLOTADORES. Por: Luis Marín #OPINIÓN #VENEZUELA


EXPLOTADOS Y EXPLOTADORES
Uno de los ritornelos más repetidos que debemos al marxismo es la creencia enfermiza en que quien trabaja para otro es explotado como quien contrata es, en consecuencia, explotador. Esta obsesión, no obstante ser tan ostensiblemente falsa, conserva una extraordinaria persistencia y permea la mentalidad común como ninguna otra.Marx hizo un enorme esfuerzo teórico para darle una fundamentación “científica” a un prejuicio rancio, porque de siempre se cree que la riqueza de unos, siempre pocos, proviene del empobrecimiento de otros, siempre muchos.

La cuestión es que nadie explica cómo es esto posible, cómo es que funcionan esos vasos comunicantes que trasiegan la riqueza de los muchos empobrecidos a los pocos enriquecidos, sin entrar todavía a considerar cómo es que aquellos, siendo tantos pero no tontos, permiten que estos pocos los esquilmen flagrantemente.

Marx se propone dar esta explicación, sin que haya ninguna malicia ni trampa de por medio, con el simple funcionamiento de la economía, partiendo de la teoría del valor trabajo para culminar en la plusvalía, el excedente de trabajo que se apropia el capitalista sin remunerarlo al trabajador.

Sería demasiado arduo desgranar todo el complejo mecanismo que desarrolla en su intento de dar esta prometida explicación a un asunto aparentemente tan simple pero fundamental, lo que equivaldría a hacer la radiografía del sistema capitalista, no obstante, hay algunas observaciones que son inevitables.

La teoría de la explotación fue refutada aún en vida del autor, incluso hay evidencias de que se sintió insatisfecho por la acogida del primer tomo de El Capital, al punto de que fue el único que publicó, a pesar de contar con tiempo suficiente para completar los tres tomos hoy conocidos, que fueron obra de sus sucesores.

Es fama que le envió un ejemplar a Charles Darwin para recoger sus impresiones, pero éste respondió sin haberlo leído disculpándose por no tener el menor conocimiento de economía política; así que no es cierto que este Carlos descubriera las leyes del desarrollo de la historia humana como el primero las leyes del desarrollo de la naturaleza orgánica, como proclamó Engels en su discurso funerario.

Los que sí tenían conocimiento de economía política refutaron la teoría del valor trabajo cuyo compendio resumió, por ejemplo, Eugen von Böhm-Bawerk de manera concluyente; sin embargo esta teoría conserva cierta persistencia en el discurso político, aunque ya ningún economista serio la defienda.

Su punto de partida es la evaluación de las mercancías que son producto del trabajo para concluir que su único común denominador, prescindiendo del valor de uso y demás rasgos, es el trabajo necesario para producirlas, o sea, que pone en el pumpá sólo productos del trabajo y luego descubre, con cierta sorpresa, que todos son productos del trabajo.

Con habilidad de prestidigitador pasa de la consideración de la cantidad de trabajo al tiempo de trabajo; pero como no se le escapa que ningún trabajador es igual a otro concluye en una proporción del trabajo medio socialmente necesario para producirlas, es decir, una fantasmagoría, el trabajo abstracto.

Los economistas hacen caer esta teoría por su base demostrando que sólo considera bienes que calzan con sus propósitos previos, sin considerar otros de la naturaleza, que valen por su rareza, hallazgos, tesoros, vetas minerales, valores subjetivos, sentimentales, intangibles, basados en la demanda, necesidad apremiante, calidad, distancia, tiempo, el añejamiento que da valor al whisky, variación de valor de idénticas mercancías según la temporada, la oportunidad, escasez, en fin, factores tan variables como los apetitos humanos.

Subestima el trabajo de empresarios, inventores, gerentes, profesionales, administradores, oficinistas en general y sólo considera como fuente de valor el trabajo de los obreros que, aun en el contexto de su teoría, serían los que menos añadirían valor al producto final. No explica el valor extraordinario del trabajo de artistas, opiniones autorizadas, patentes, firmas, marcas, apreciadas estrictamente por su prestigio.

No hay que limitarse al trabajo humano porque la naturaleza también trabaja para el hombre, como el viento y el agua mueven el molino, antaño las bestias de carga hoy las máquinas trabajan igualmente, añaden valor pero no puede imputárseles ninguna plusvalía, ni tienen que ver con tiempo de trabajo no remunerado y producen la mayor parte de los beneficios.

¿Y cómo explica su miseria, en particular? Se define a sí mismo “tan pobre como una rata de iglesia”; pero él no estaba siendo explotado por nadie, de manera que su pobreza no era consecuencia de la opulencia de otro. Ni explica la pobreza en general, sólo aquella que se deriva de ciertas relaciones de producción; pero en la selva amazónica y la cordillera andina abundan poblaciones pobrísimas sin que hayan sido tocadas por el capitalismo.

Los intelectuales latinoamericanos repiten con toda naturalidad que los aborígenes y los esclavos traídos de África fueron explotados por los colonizadores, como si los seres humanos fueran minas o pozos de petróleo, eso explicaría su miseria de entonces e incluso la actual; pero la verdad es que fueron pobres desde siempre, porque la pobreza es natural, no hay que producirla, lo que hay que producir es la riqueza, que requiere esfuerzo, ahorro, conocimiento.

Así que la conexión entre la riqueza de unos y la pobreza de otros es artificial y arbitraria. Una o varias personas pobres que trabajen para otra no pueden darle lo que no tienen, puesto que no poseen riquezas no son despojados de nada, como pretenden los comunistas, que parecen partir de un mundo ilusorio donde todos eran igualmente ricos hasta que llegan unos pocos y despojan a los demás de lo que les correspondería por no se sabe qué derecho.

La verdad es que todos se benefician del trabajo propio y colectivo, puesto que reciben alguna remuneración, aprenden artes y oficios, adquieren disciplina y una cultura que de otra manera no obtendrían. Es evidente que los trabajadores que tienen empleo mejoran su situación y la de sus familias, por este motivo el desempleo representa para ellos la expectativa más amenazante, no la “explotación”.

Si la teoría de la explotación todavía sobrevive en el lenguaje común es por su utilización en el discurso político, porque conserva cierta eficacia emocional, pero no porque alguien crea sinceramente en ella. De hecho, es perfectamente contradictoria con la política de la socialdemocracia que ofrece “pleno empleo” como oferta electoral y principal política pública de atención a sus gremios y sindicatos. Si realmente creyeran en esta teoría podrían traducirla como política de “plena explotación”.

Los comunistas en Venezuela decretaron la inamovilidad laboral absoluta por debajo de ciertos niveles salariales, lo que equivale a decir que prohíbe a los capitalistas emancipar a sus trabajadores y les obligan a explotarlos, aunque no quieran.

La teoría de la explotación es una deplorable impostura que hoy sólo sirve como coartada para la demagogia.

Luis Marín

20-05-18