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¿Regresar a Venezuela? Por: Eddie A. Ramírez S. #Opinión

¿ Regresar a Venezuela?

Eddie A. Ramírez S.

Ulises venció múltiples obstáculos para regresar a su Ítaca, donde lo esperaban Penélope, sus tierras y su perro ¿Querrán regresar al país los millones de venezolanos que tuvieron que huir, unos por la persecución política, otros por el acoso del hampa incentivada por el régimen o por la ineptitud y corrupción del mismo, que ha ocasionado escasez de empleo, de medicinas, comida, repuestos, agua y energía eléctrica? Unos han sido exitosos en el exterior, después de comerse las verdes. Otros no tanto, pero sienten que están mejor que en su destruido país y aspiran a mejorar gradualmente.

Quienes tuvieron que buscar refugio en otros lares en tiempos de Guzmán Blanco, aspiraban regresar porque el autócrata había realizado obras, al menos en Caracas, que hacía atractivo el retorno. Por ello, leemos con emoción la “Vuelta a la Patria” de Pérez Bonalde, quien retornó pese a tener éxito en Europa. ¿Estarán algunos ansiosos de instar al postillón a “agitar el látigo”para apresurar la llegada, como narra el bardo?

Juan Vicente Gómez obligó a muchos a irse al exilio. Todos ellos estaban ansiosos de regresar después de la muerte del dictador. Estaban enterados de que se habían construido numerosas carreteras que comunicaban todo el país y que un nuevo maná, llamado petróleo, permitía un crecimiento acelerado.

El dictador Pérez Jiménez exilió a muchos venezolanos. Todos regresaron, no solo porque había vuelto a florecer la democracia, sino porque el oro negro había proporcionado un crecimiento vertiginoso. Venezuela se constituyó en el Dorado para millones de inmigrantes, los cuales dieron un impulso importante a nuestro país. Una excelente amiga, gran luchadora, cuenta que en esa época su padre vasco se vino a explorar aquí la posibilidad de una nueva vida y, a los pocos días, escribió a su familia que se viniera lo antes posible ya que “esto es un paraíso”.

Hasta mitad de la década de los setenta fuimos un polo de atracción. Los grandes errores cometidos en la política económica y la mentalidad rentista de los venezolanos propiciaron el declive. Se impuso la molicie sobre el hábito del trabajo. La sobrevaluación del bolívar permitió darnos lujos no acordes con nuestra baja productividad. Los proyectos de la Gran Venezuela de Carlos Andrés se basaron en la premisa de que el precio del petróleo aumentaría indefinidamente y por ello era conveniente endeudarse. Es decir, el mismo pensamiento de Chávez, quien predicaba que el precio llegaría a doscientos dólares el barril.

Como el crecimiento planteado no era sustentable, empezaron a quebrar empresas que no tenían ventajas comparativas, ni competitivas. Ante el aumento de la población y de

las necesidades, el ingreso petrolero ya no alcanzó para satisfacer los requerimientos. Se incrementó la pobreza. Se acabó la “ilusión de armonía”, como advirtieron Naím y Piñango.

Con el ascenso al poder de una cuerda de resentidos, ineptos y corruptos, que todavía no digieren la caída del Muro de Berlín, ni la apertura capitalista de Rusia y China, el país entró en una espiral de deterioro. Quebraron todas las empresas del Estado, inclusive la gallina de los huevos de oro, debilitaron al sector privado y lograron establecer una dictadura totalitaria ligada al narcotráfico y al terrorismo islámico. Como consecuencia, se ha producido una diáspora nunca vista en nuestro país. Inicialmente, por persecución política, se tuvieron que ir los petroleros. Poco a poco empezaron a emigrar médicos, profesores y otros profesionales. Ahora se están yendo plomeros, electricistas, carpinteros y cualquiera que tenga la posibilidad, inclusive algunos malandros.

¿Será posible recuperar a Venezuela y que al menos parte de esa diáspora regrese? Creemos que sí. Una vez que hayamos salido de este régimen por la vía que sea, pero será necesario que la mayoría de nuestros políticos cambien de mentalidad. Que tengan el coraje de reconocer que el Estado es un fracaso como administrador de empresas y que el sector privado no es mandinga. Es decir, tendrán que privatizar todas las empresas, además de disminuir drásticamente el número de empleados de la administración pública. Aceptar el ingreso de inversión privada, solicitar nuevos préstamos, dar prioridad a la agricultura y a la pequeña y mediana industria. Mejorar la seguridad personal y jurídica. Castigar la corrupción. Crear confianza y sincerar la economía.

Los ciudadanos de a pie deben aceptar que es necesario trabajar muy duro, que deben exigir derechos, pero también cumplir deberes. Que ya no hay campo para la “viveza”criolla. Maduro, corresponsable de la emigración, ahora ofrece un programa que llamó “Vuelta a Venezuela”. Desde luego que mientras él y su pandilla sigan en el poder nadie regresará. Una vez que salga, sí será posible recuperar a Venezuela. No será fácil y requerirá mucho tiempo, pero se pueden crear las condiciones para propiciar el regreso a Ítaca.

Como (había ) en botica: Venezuel debe pagarle a la petrolera Conoco-Phillips algo más de dos mil millones de dólares. No solo perdimos innecesariamente esa suma, sino también a un buen socio y todavía está pendiente otro arbitraje. Repudiamos las torturas y encarcelamiento a Vasco Da Costa ¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez 01/05/18 Noticiero Digital, Runrunes y Digaloahi digital

EL CAMINO DEL EXILIO. Por: Robert Gilles Redondo.

EL CAMINO DEL EXILIO

De forma incierta podemos afirmar que desde 1915 a 1958 hubo una generación de exiliados, quizá intermitente, a quienes la historia los premió por estar “del lado correcto de la historia” haciéndoles fundadores de la etapa democrática que inició con la caída de Pérez Jiménez, sin que esto menoscabe el primitivo ensayo de 1945 tras el derrocamiento militar de Medina Angarita.

Pero desde 1958 hasta 1999 no existió en Venezuela la cultura emigrante pese a todos los errores innegables de la democracia que hoy no podemos exculpar. Siempre he afirmado que los venezolanos se dieron el lujo de ser el elixir democrático de Latinoamérica y la casa de refugio para tantos que huyeron de las pesadillas dictatoriales. Pero ése elixir fue bebido hasta el punto de la embriaguez descontrolada que llevó a la nación venezolana a prostituir su propia democracia, engendrando (no sé si con justa razón) aquel episodio lamentable de febrero de 1989 y la malnacida hora de los temerarios asaltos de 1992.

Dieciséis años después de la infausta llegada de Hugo Chávez al poder, por medio de la democracia que él mismo sepultó a posteriori, todo es diferente. En una agencia de noticias se apuntan los siguientes datos: 1) 1,6 millones de venezolanos viven en el exterior;el 5,5 por ciento de los 29 millones. 2) En el año 1992 había venezolanos en menos de 20 países, con apenas unos 30.000 residentes. Ahora hay venezolanos en 94 países de los 193 miembros de la ONU.

Este drama migratorio nuestro venezolano confirma no sólo el abismo al que hemos sido aventados por esta banda de criminales que usurpó el poder y nos impuso el modelo de la destrucción, también se confirma que lamentablemente ahora mismo la salida es Maiquetía, viendo en la obra de Cruz Diez el umbral para el futuro que nos fue arrebatado en Venezuela. Y sí, también tiene razón el amigo Eduardo Rodríguez cuando nos cataloga como “un país en desalojo”.

Pero no podemos dejar que nos atrape la desolación. El régimen habrá podido imponerse en todo lo que le ha venido en gana, pero no ha podido ni podrá imponerse sobre la moral y la conciencia de los venezolanos. Esta es la gran derrota del socialismo del siglo XXI: no ha podido sepultar la esperanza del pueblo que, ahora más que antes, está convencido que el reloj de la historia sigue su cuenta regresiva. Siempre en nuestra propia historia esto ha prevalecido, a pesar de los exilios, a pesar de los autoritarismos y ha sido la esperanza la que nos ha conducido a los muchos amaneceres de nuestro destino nacional.

Los venezolanos cuyas lágrimas hoy refrescan la soledad del exilio deben tener la firme certeza que pronto nuestra patria dejará de ser un país desalojado y se abrirán de nuevo los brazos del Ávila para cobijarnos con su fresca sombra y el mar de La Guaira será nuestro puerto del que nunca más habremos de alejarnos porque para entonces habremos aprendido la lección.

Para lograr el cambio y para iniciar sin demora la transición democrática debemos prepararnos muy bien. El 6 de diciembre habrá la oportunidad para ello, pero el proceso electoral no debe ser la única respuesta. Desde ese día debe iniciarse un camino de movilización de la sociedad civil, pacíficamente, que exija con mucha firmeza la salida de Nicolás Maduro y su sometimiento a la justicia por los graves crímenes cometidos durante su régimen.

En lo personal siempre he sostenido que la salida no es electoral. Sigo convencido de ello porque no he visto las condiciones justas para que realmente se exprese la voluntad del pueblo. Pero todas las luchas son válidas, no podemos excluir ninguna herramienta. Sólo que, insisto, una herramienta debe ir acompañada por otra, de esta forma podremos canalizar colectivamente esos terribles riesgos que vengo advirtiendo de una catástrofe social que podría dejarnos inolvidables heridas y que por la baja ralea del régimen no merecemos vivir.

La promesa de triunfar es una decisión que debemos tomar. Ribas, el líder de aquellos jóvenes de La Victoria lo dijo con mucha claridad: NO PODEMOS OPTAR, NECESARIO ES VENCER. Y preciso yo, es necesario también CONVENCER y CONVENCERNOS que ha llegado la hora de salvar a Venezuela para poner fin al camino del exilio.

Robert Gilles Redondo

REMISIÓN:

Robert Gilles Redondo robertgillesr

Fecha: 19 de septiembre de 2015, 12:28
Asunto: EL CAMINO DEL EXILIO