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Estado, política y Fuerza Armada. Por: G/D (Ej.) Fernando Ochoa Antich.Opinión. Venezuela.

 

Estimados amigos:

Les remito anexo mi artículo de opinión del próximo domingo. Cordialmente, Fernando Ochoa Antich.

Estado, política y Fuerza Armada

Fernando Ochoa Antich.

El Estado, como organización social, surgió alrededor de los siglos XV y XVI en Europa, en medio de la crisis del feudalismo y el surgimiento de las monarquías absolutas. Los reyes ampliaron su predominio territorial mediante acuerdos con los señores feudales o mediante el  uso de la fuerza. Su objetivo fue  centralizar el poder para garantizar la seguridad interna y externa. Una nueva clase social, la burguesía, respaldó ese proceso. El Estado moderno se fue fortaleciendo mediante la creación de instituciones que le permitieron ejercer eficientemente sus funciones. Al mismo tiempo, se estableció una importante burocracia, a la cual se le atribuyeron funciones en los ámbitos políticos, militares, religiosos, económicos y sociales. Las monarquías, en su esfuerzo por garantizar la soberanía sobre sus territorios, fortalecieron la autonomía de sus finanzas mediante el establecimiento  de eficientes sistemas de recaudación y la creación de ejércitos permanentes. Inicialmente, predominaron ejércitos mercenarios, pero, al irse  fortaleciendo el sentido nacional de cada Estado, se empezaron a crear ejércitos permanentes y profesionales teniendo por soldados a su propio pueblo.

La desaparición de las monarquías absolutas durante los siglos XVIII, XIX y XX, en medio de complejos procesos sociales:  la Revolución Francesa, la independencia de los Estados Unidos y de los países iberoamericanos, la Revolución Rusa y el surgimiento de los regímenes fascistas, desplazaron la  legitimidad del poder del derecho divino de los reyes a la soberanía popular. El enfrentamiento entre regímenes tan diversos condujo a la Primera y Segunda Guerra Mundial. El triunfo de los Aliados, en ambas confrontaciones, determinó el fin del Imperio Alemán y del fascismo, pero a su vez produjo la Guerra Fría y la división del mundo en dos bloques liderados por los Estados Unidos y la Unión Soviética. La caída del Muro de Berlín condujo al fortalecimiento de las democracias representativas y del principio de la subordinación de la Fuerza Armada al poder civil, teniendo como función específica la defensa de la soberanía y la integridad territorial. Sin embargo, no siempre ha sido así. Al ser vulnerada la democracia, el empleo de la Institución Armada es distorsionado al imponerse un nuevo régimen, sea éste dictatorial o revolucionario

Me referiré someramente a tres ejemplos ocurridos en Venezuela, los cuales en mi criterio dejan claro el impacto que tiene el tipo de régimen político en la sociedad y en la Institución Armada.   En los regímenes democráticos, las fuerzas armadas mantienen una relación de subordinación al poder civil, el cual a su vez respeta el ejercicio de sus mandos en el empleo operacional de la Institución Armada y en su funcionamiento interno.  Además, se constituyen en un discreto grupo de presión, que le permite asesorar al poder político en circunstancias particulares.  Esta forma de actuar, en un sistema político cuyas características son: el pluralismo ideológico y la alternancia republicana, permite a la Fuerza Armada mantenerse al margen del debate partidista y ejercer cabalmente sus funciones al servicio del Estado, con alguna influencia en la toma de decisiones en el área de su competencia. Los cambios políticos no alteran su funcionamiento ni su capacidad operacional. Además, esa conducta le garantiza el prestigio, respeto y credibilidad de la sociedad a la cual sirve. Ese fue el modelo imperante durante los  gobiernos democráticos entre 1958 y 1998.

En los regímenes dictatoriales,  las fuerzas armadas profesionales ejercen el poder político directamente. Normalmente surgen, después de la ruptura del orden constitucional en respuesta a una inmanejable crisis política. Se inician como gobiernos colectivos y evolucionan hacia gobiernos unipersonales que  finalizan en una nueva crisis política que compromete su estabilidad y se restituye, mediante un acuerdo político, el orden constitucional. En Venezuela, la única dictadura que ha existido en nuestro proceso histórico,  con el respaldo de una Fuerza Armada profesional, fue la dictadura del general Marcos Pérez Jiménez. Surgió de un golpe de Estado que derrocó al presidente don Rómulo Gallegos el 24 de noviembre de 1948  Ese régimen se sustentó exclusivamente en la Institución Armada, a nombre de la cual se ejercía el poder. La dictadura finalizó en medio de una crisis de legitimidad que le hizo perder el respaldo de la mayoría de las Fuerzas Armadas Nacionales que la derrocaron con un importante apoyo popular. Ese ejercicio del poder tuvo un elevado costo para las Fuerzas Armadas, en términos de respeto,  prestigio y credibilidad, en virtud de los desafueros de la camarilla gobernante.

En los regímenes revolucionarios, conducidos por alianzas entre unas fuerzas armadas profesionales y un partido político, el poder se ejerce a través de complejas negociaciones entre los dos factores que lo constituyen a fin de lograr el consenso necesario en la toma de decisiones. Es una alianza de por si inestable, con una marcada tendencia a la ruptura. El partido político se legítima al mostrar su fuerza popular. Las fuerzas armadas protegen su unidad interna impidiendo la penetración ideológica  de sus cuadros. Buenos ejemplos de este régimen político han sido los gobiernos de la Junta Revolucionaria de Gobierno (1945-1948), formado por la alianza entre Acción Democrática y la Unión Militar Patriótica; así como los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro surgidos después del triunfo en las elecciones presidenciales de 1998, pero con el beneplácito de los oficiales comprometidos en la  asonada militar del 4 de Febrero de 1992. Peor aún, en el segundo caso el mando de la Fuerza Armada, lamentablemente, ha propiciado y permitido la penetración ideológica de sus cuadros, confundiéndola con el partido gobernante.  El respaldo a este tipo de régimen tiene un elevado costo para las Fuerzas Armadas, las cuales, sin ejercer realmente el poder, son percibidas como  responsables de los errores cometidos por esos gobiernos.

Nota:  

Lamento profundamente la muerte del general de división  Ernesto Brandt Torrellas, excomandante general del Ejército. Admiro su honorable gesto al rechazar, por escrito, los honores militares fúnebres que le correspondían si al momento de su desaparición física, el Ejército no había recuperado su dignidad. Paz a su alma

Caracas, 9 de agosto de2020.

fochoaantich@gmail.com

 

 

 

 

20200809. Estado,política y Fuerza Armada.docx

La imprescindible unidad opositora. Por: Fernando Ochoa Antich. Opinión. Venezuela.

 

Estimados amigos:

Les remito anexo mi artículo de opinión de mañana domingo. Cordialmente, Fernando Ochoa Antich.

La imprescindible unidad opositora

Fernando Ochoa Antich

Una nueva elección popular de la Asamblea Nacional, establecida en la Constitución Nacional de 1999, se realizará el 6 de diciembre de este año. Esta elección puede transformarse en un acto de gran significación política. Nicolás Maduro intentará, por todos los medios, lograr la legitimidad que no tiene. La oposición democrática puede tener la oportunidad de repetir la victoria del año 2015. Ante esa realidad, el régimen madurista, ha establecido una estrategia tendente a dividir la oposición democrática entre abstencionistas y seguros votantes. Para la consecución de ese objetivo ha empezado a aplicar un conjunto de tácticas destinada a generar dificultades en su organización para que, sin dejar de convocarlas, carezcan de las condiciones necesarias para incentivar a los venezolanos a votar masivamente. Entre esas tácticas están las siguientes: La arbitraria elección por el Tribunal Supremo de Justicia del nuevo Consejo Nacional Electoral, la inaceptable designación, a dedo, de las directivas de los partidos políticos de oposición y la injustificada reforma del sistema electoral mediante el incremento del número de diputados a elegir, con la excusa de aumentar la representación proporcional de las minorías.

Analicemos cada una de estas acciones para poder determinar su impacto en el desarrollo de las próximas elecciones de la Asamblea Nacional. El Tribunal Supremo de Justicia, contraviniendo lo pautado en el ordenamiento legal, designó a cinco nuevos rectores del CNE: tres simpatizantes del gobierno y dos representantes del sector opositor partidario de la participación. Claramente, los tres votos proclives al madurismo les facilitarán imponer condiciones favorables al PSUV. Sin embargo, dado el amplio rechazo popular es posible derrotarlo electoralmente. Además, los comicios constituyen un excelente motivo para que la dirigencia opositora movilice a la sociedad y fortalezca su capacidad de lucha. La designación, a dedo, de las nuevas directivas de los partidos es, a mi criterio, el mayor abuso cometido por el Tribunal Supremo de Justicia. Esa acción carece de fundamento. Se ha debido exigir la celebración, a la brevedad posible, de elecciones internas. El objetivo es claro: crear un enfrentamiento interno en los partidos que limite su capacidad para convocar a votar a sus militantes. Sin embargo, pueden ocurrir sorpresas. Los líderes regionales pueden una capacidad de convocatoria inesperada por el madurismo.

El nuevo e impuesto Consejo Nacional Electoral decidió aumentar el número de diputados de 167 a 277, es decir, lo incrementó en un 66 %, alegando que se busca “un mayor equilibrio entre el voto lista, 52 %, y el voto nominal, 48%”; se amplió la participación de las organizaciones políticas, mediante la habilitación de 28 organizaciones nacionales, 52 partidos regionales y 6 representantes de pueblos y comunidades indígenas y se ratificaron las mismas 87 circunscripciones electorales de las pasadas elecciones. Pienso que estos cambios podrían ser la respuesta a aspiraciones de los partidos que participarán en las elecciones regionales, ya que al fortalecer la proporcionalidad del voto se amplía la posibilidad que partidos pequeños logren obtener un mayor número de diputados. Ojalá que estas reformas no sean utilizadas por el madurismo como estratagema para hacerse de un número mayor de diputados que el que realmente obtengan. Sin embargo, he escuchado excelentes opiniones del Rector Incorporado Juan Carlos Delpino, respaldadas tanto por su conocimiento del sistema electoral como por la firmeza en sus principios. Espero que sea un freno a cualquier abuso. El ejemplo de su padre, Juan José Delpino, lo avala plenamente.

Voy a plantear, ahora, mi punto de vista sobre el tema. En primer término he observado con preocupación la falta de unidad en la dirigencia opositora, lo cual debilita su capacidad de lucha para enfrentar las permanentes tropelías que siempre comete el madurismo. Es verdad, que hemos oído y leído importantes manifestaciones en ese sentido, pero todas ellas de carácter individual o de pequeños grupos, cada uno por su cuenta. Este es un factor que influye profundamente en la desmotivación y desorientación de la sociedad. La pandemia no puede ser excusa para no conformar un amplísimo bloque unitario opositor como lo desea la inmensa mayoría de los venezolanos. Creo que, mientras eso no exista, será imposible incentivar al sector opositor para asumir una posición militante en contra de estos abusos. En segundo término, siempre he mantenido que la abstención es una forma de acción que limita las posibilidades de triunfo de la oposición y no permite deslegitimar el resultado en caso que el madurismo llegara a obtener, mediante abusos y triquiñuelas, el triunfo. De todas maneras, lo importante no es participar o abstenerse. Lo trascendente es tomar una sola decisión que preserve la unidad de la oposición, en medio de una vigorosa protesta en contra de los abusos del totalitarismo madurista.

Caracas, 26 de julio de 2020.

fochoantich

20200723. La imprescindible unidad opositora.docx

Fernando Ochoa Antich: Carta pública dirigida al general Vladimir Padrino López. Opinión. Venezuela.

Estimados amigos:
Les remito anexo la carta pública que le remití al general Vladimir Padrino López, ministro de la Defensa. Cordialmente, Fernando Ochoa Antich.Caracas, 6 de julio de 2020

Señor general en jefe

Vladimir Padrino López

Presente.

Señor general:

Sus reprochables y amenazantes declaraciones, realizadas este pasado 5 de julio, en las cuales usted compromete a la Fuerza Armada Nacional, constituyen una afrenta a la sociedad venezolana, a la Constitución Nacional y a la democracia. Es inaceptable que usted se atreva a expresar que en Venezuela “la oposición política nunca podrá ejercer el poder. No pasarán, no serán poder político jamás en la vida mientras exista una Fuerza Armada cómo la que hoy tenemos antiimperialista, revolucionaria y bolivariana… yo creo que es bueno que lo entiendan”. Estoy seguro que, su absurda conducta es ampliamente rechazada en el seno de la Fuerza Armada Nacional.

El contenido de su declaración desconoce lo establecido en los artículos 2 y 6 en los cuales se expresan los principios fundamentales de la Constitución de 1999: “Venezuela se constituye en un Estado Democrático y social de Derecho y de Justicia que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico y de su actuación, la vida, la libertad, la justicia, la igualdad, la solidaridad, la democracia, la responsabilidad social y en general la preeminencia de los derechos humanos, la ética y el pluralismo político”; “ El gobierno de la República Bolivariana de Venezuela y de las entidades políticas que la componen es y será siempre democrático, alternativo, responsable, pluralista y de mandatos revocables”. Sus palabras no hacen otra cosa sino confirmar que el objetivo político de Nicolás Maduro y su camarilla es mantenerse indefinidamente en el poder, sin respetar la voluntad de nuestro pueblo expresada democráticamente a través de elecciones.

Usted también se refiere a nuestra reclamación ante la República de Guyana por el territorio Esequibo. No creo que usted y los cuadros de la Fuerza Armada Nacional ignoren que ha sido la política exterior entreguista de los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, que usted defiende tan vehementemente, la que ha comprometido nuestra soberanía sobre el territorio Esequibo. Recuerde que Hugo Chávez, en el año 2004, en una visita a Guyana, en una actitud rayana en traición a la Patria, afirmó que Venezuela no se oponía a ningún proyecto de desarrollo en el Esequibo, autorizado unilateralmente por el gobierno guyanés, si era en beneficio de su pueblo. Para colmo, en el año 2007, afirmó que la reclamación venezolana se había iniciado por presiones de los Estados Unidos para desestabilizar el gobierno de Cheddy Jagan. De esa manera, Hugo Chávez desconocía todas las reclamaciones que, desde 1841, ha venido realizando Venezuela en contra de la usurpación de nuestro territorio por Inglaterra.

Igualmente, Nicolás Maduro, ya presidente de la República, aceptó una invitación a Guyana, días después que el ministro del ambiente de ese país declarara en San Diego, USA, que Guyana había entregado una concesión petrolera a la empresa Anadarko en el bloque Roraima, la cual afecta la fachada Atlántica de la zona de reclamación y la del Estado Delta Amacuro, ante lo cual guardó absoluto silencio, lo cual pudo haber producido un Stoppel de aquiescencia. No satisfecho con esta muestra de debilidad declaró, en la rueda de prensa realizada después de la firma del comunicado conjunto entre Guyana y Venezuela, que “recientemente han salido documentos desclasificados de la década del 60, 70 y 80 que demuestran quienes eran los intrigantes que preparaban una guerra con Guyana” sin valorar que ese planteamiento debilita de tal manera nuestra autoridad moral que puede comprometer el resultado de las negociaciones.

Definitivamente, usted señor ministro, con esas irresponsables declaraciones, complica aún más la grave situación política de Venezuela y amplía las posibilidades del surgimiento de la violencia. No es posible que sus ambiciones personales comprometan el destino de nuestra Patria.

Fernando Ochoa Antich

General de división

Exministro de la Defensa

@FOchoaAntich

20200706. Carta pública al general Vladimir Padrino López.docx

Venezuela: entre la Pandemia y Maduro. Por: FernandoOchoa Antich. Opinión. Venezuela.

Queridos amigos:

Les remito anexo mi artículo de opinión del próximo domingo. Cordialmente, Fernando Ochoa Antich.

Venezuela: entre la Pandemia y Maduro

Fernando Ochoa Antich

La reciente decisión de Nicolás Maduro de expulsar a la embajadora de la Unión Europea ante el Estado venezolano, Isabel Brilhante, en respuesta a las sanciones aplicadas a 11 de sus funcionarios, entre los cuales se incluyen al diputado Luis Parra, presidente de la írrita directiva de la Asamblea Nacional, y al magistrado Juan José Mendoza, presidente de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, por considerar esa Organización que con sus actuaciones han entorpecido la posible salida de la grave crisis institucional y política que atraviesa Venezuela, para después, de manera inexplicable e irresponsable, rectificar, olvidando sus ofensivas palabras en contra de la Unión Europea, mediante un anodino comunicado y sin que se hayan suspendido las sanciones impuestas, así como amenazar directamente con posibles acciones diplomáticas al embajador de España, Jesús Silva, al vincularlo con unas supuestas acciones subversivas que, según el mismo Maduro, realiza Leopoldo López, demuestra un reajuste en su estrategia, al pasar a la ofensiva, tanto nacional como internacionalmente, con el fin de fortalecer su posición ante las venideras elecciones parlamentarias. También indica que las sanciones impuestas por los Estados Unidos, la Unión Europea y el Grupo de Lima han carecido de la eficacia necesaria para lograr que Nicolás Maduro abandone el poder.

Estos nuevos hechos evidencian, una vez más, que Nicolás Maduro está decidido a aferrarse al poder sin importarle la ilegitimidad de su régimen ni las trágicas consecuencias que le ocasiona a nuestra sociedad. En efecto, la situación económica y social alcanzará tal nivel de deterioro, que comprometerá, irremisiblemente, el destino de las actuales y futuras generaciones de venezolanos. Las recientes cifras dadas a conocer por el Fondo Monetario Internacional reflejan una caída del Producto Interno Bruto superior al 15 %, para este año, con posibilidades que pueda alcanzar más del 20 %. No olvidemos que Venezuela ya registró una caída del 70,1 % de su PIB entre 2013 y 2019. La deuda externa supera los 157.000 millones de dólares con apenas 800 millones de Reservas Internacionales. El FMI opinó que “dicho monto es monumental con respecto al PIB de Venezuela. Para el cierre del 2019 se estima que la relación deuda externa con el PIB será de 220 %.”. Para colmo, la extracción petrolera cerró, para diciembre de 2019, en 687.000 barriles diarios, denotando una contracción acumulada de 40,2% respecto a diciembre de 2018 y, para el día de hoy, apenas alcanza su producción a 422.00 barriles diario.

Esta grave crisis económica tiene catastróficas consecuencias sociales para nuestro pueblo, que debe enfrentar un creciente proceso hiperinflacionario y un vertiginoso crecimiento de la pobreza y el desempleo, en medio del colapso de todos los servicios públicos: agua potable, luz eléctrica y sanidad pública. Concretemos algunas cifras: el Banco Central estableció que la inflación, a fínales del año 2019, alcanzó a 9.585,50 %; la Asamblea Nacional consideró que dicha inflación sobrepasó el 7.374,4 %. El Fondo Monetario Internacional proyectó una inflación para el año 2020, antes de la Pandemia, de 10.000.000 %. La pobreza, según lo señala un objetivo estudio realizado en forma conjunta por las universidades Central, Católica y Simón Bolívar, se incrementó desde el año 2014, inicio del gobierno de Nicolás Maduro, de 52,6 % a 73 %. Su causa, “la aceleración que sufrieron los precios, al disminuirse el poder de compra de los venezolanos”. El desempleo en Venezuela, según el FMI, alcanzó 44 %, en el año 2019, calculándose que puede aumentar, sin considerar el impacto producido por la Pandemia, a 47,9 % a finales del año 2020.

El gobierno de Nicolás Maduro es incapaz de enfrentar con éxito tan grave crisis económica y social. Su falta de legitimidad se lo impide. Además, es imposible que su régimen, desconocido por la mayoría de los países democráticos del mundo y con un rechazo interno del 87 %, pueda generar suficiente confianza al capital internacional para invertir en nuestro país, aun cuando todavía existen interesantes oportunidades. Naturalmente exigirían una absoluta seguridad jurídica. Un régimen tan desacreditado como el actual no puede ofrecerla y mucho menos garantizarla. La pandemia será superada y surgirá en el mundo una fuerte competencia entre los países para atraer las inversiones privadas. Sólo aquellos gobiernos que garanticen condiciones favorables y seguras podrán captarlas. Los venezolanos, en particular los factores de poder, deben reflexionar ante tan delicada situación. Si no superamos la crisis nacional provocada por el Socialismo del Siglo XXI, a la brevedad posible, no estaremos en capacidad de participar en esa competencia. En Venezuela pueden convivir todas las ideologías, incluyendo el chavismo, si se garantiza la alternancia republicana y unas elecciones democráticas, justas y equitativas. Eso sí, Nicolás Maduro debe salir del poder.

Caracas, 5 de julio de 2020

fochoaantich

20200705. Venezuela,entre la Pandemia y Maduro.docx

Mi verdad sobre el 4 de Febrero (V) Por: Fernando Ochoa Antich. Opinión. Venezuela.

Estimados amigos:
Les remito anexo mi artículo de opinión de hoy domingo.
Abrazos,

Fernando Ochoa Antich. 

Mi verdad sobre el 4 de Febrero (V)

Fernando Ochoa Antich.

Un factor decisivo en el control de la insurrección militar fue el mensaje televisivo del presidente Carlos Andrés Pérez. Debilitó, totalmente, la voluntad de combate de los insurrectos. Lo hizo, con riesgo de su vida, demostrando valor y dignidad. Unas unidades se rindieron sin oponer resistencia alguna; otras lo hicieron después de largos y trágicos combates con un doloroso saldo de 35 muertos entre soldados, estudiantes y policías. Eran jóvenes venezolanos que merecían vivir. Los responsables de esas muertes fueron los jefes de la sublevación militar, en particular el teniente coronel Hugo Chávez Frías. Se rindió, a las 6:30 a.m., sin combatir. Su misión era atacar el palacio de Miraflores en apoyo de los grupos mecanizado y de artillería Ayala y Rivas. No lo hizo, dejó que sus subalternos combatieran, en condiciones de marcada inferioridad de medios, contra el regimiento de la Guardia de Honor.

Uno de los mitos creados después del 4 de Febrero fue el supuesto éxito alcanzado por el T.C. Francisco Arias Cárdenas en Maracaibo. En verdad, su actuación fue ineficaz y cobarde. Los únicos objetivos militares capturados fueron el cuartel Libertador, la base aérea Rafael Urdaneta, la policía del Estado y el Comando Regional No. 3 de la G.N. Sin embargo, de manera inexplicable, abandonó el cuartel Libertador a las 6:30 a.m. para trasladarse a la base aérea Rafael Urdaneta. ¿Qué ocurrió en ese tiempo? El grupo Gómez y los batallones Bravos de Apure, Aramendi y Venezuela rodearon el cuartel Libertador. El general Richard Salazar Rodríguez, comandante de la 11 brigada de Infantería y el T.C Rubén Calderón Matheus, comandante del Grupo Freites, ingresaron al cuartel Libertador y convencieron a los oficiales insurrectos para que depusieran las armas. El T.C Arias se rindió, sin combatir, a las 9:30 a.m.

El almirante Daniels y el general Jiménez empezaron a presionar a los tenientes coroneles Miguel Ortiz Contreras, Jesús Urdaneta Hernández y Joel Acosta Chirinos y al capitán Luis Valderrama para lograr su rendición. Era fundamental recuperar el control de las guarniciones de Maracay y Valencia y la base Francisco de Miranda. El efecto psicológico de esa rendición sobre las Fuerzas Armadas era muy importante. El general Jiménez telefoneó, a las 6:30 a.m., al T.C. Ortiz al Cuartel Páez. Le explicó la situación de Caracas, pero éste no aceptó rendirse. Al general Jiménez le fue imposible comunicarse telefónicamente con el T.C, Urdaneta y el capitán Valderrama. El general Visconti me narró en su entrevista para mi libro lo siguiente: “El general Jiménez me ordenó, de parte del ministro de la Defensa, bombardear las unidades insurrectas. Le dije que eso era imposible ya que ocasionaría una verdadera tragedia. Los aviones sólo realizaron vuelos rasantes” (1). Así mismo, me explicó su previo acuerdo con Hugo Chávez de neutralizar el empleo de la aviación al producirse la asonada.

A las 10:30 recibí una llamada del vicealmirante Daniels:

-“Ochoa, una unidad de tanques del batallón Pedro León Torres tiene rodeada la base Libertador y amenaza con entrar a la pista. El general Visconti tiene en alerta sus medios aéreos. Está decidido a atacar a los tanques si estos rompen la cerca. Ha tratado por todos los medios de convencer al mayor Torres Number para que se rinda, pero no lo ha logrado.

-Daniels, ¿se le informó de la rendición del T.C. Chávez?

– Sí, pero no cree que es verdad. Está totalmente aislado. Sus medios de comunicación no funcionan. La única manera de negociar con él es trasladándose hasta el sitio en donde tiene desplegada su unidad. El general Visconti lo ha hecho sin éxito. También ha enviado a otros oficiales para tratar de convencerlo y también han fracasado.

-¿Alguna de las otras unidades insurrectas se ha rendido?

-No, el propio comandante Chávez conversó telefónicamente con el T.C. Jesús Urdaneta Hernández sin lograrlo.

-¿Qué piensan hacer?

-El Alto Mando Militar recomienda presentar, ante los medios de comunicación, al T.C Chávez para que haga un llamado a las unidades insurrectas pidiendo su rendición. Creemos que es la única manera de lograr que depongan las armas sin combatir.

-Estoy de acuerdo Daniels. Espera un momento. Voy a solicitar autorización al presidente Pérez para hacerlo”.

Me trasladé al despacho presidencial. El presidente Pérez estaba conversando con un grupo de ministros:

-“Presidente, una unidad de tanques tiene rodeada la base Libertador. No acepta rendirse y existen posibilidades de que dicha unidad trate de tomar la base. Si los tanques rompen la cerca y entran a la pista van a ser atacados por los F-16 y los demás medios aéreos bajo control del general Visconti. Se iniciaría un combate de consecuencias impredecibles. El Alto Mando recomienda presentar a Hugo Chávez en la televisión para que haga un llamado a que se rindan las unidades sublevadas”

El presidente Pérez reflexionó brevemente y me respondió:

-“Ochoa, lo autorizo, pero antes graben el mensaje”.

Regresé al teléfono a continuar mi conversación con el almirante Daniels:

-“El presidente autoriza la presentación, pero quiere que antes se grabe para evitar cualquier mensaje inconveniente.

-Ochoa, no hay tiempo. El ataque a la base Libertador es inminente. Si no lo hacemos de inmediato empezarán los combates.

-Daniels, si la situación es tan grave, bajo mi responsabilidad, presenta, sin grabarlo, a Hugo Chávez ante los medios de comunicación,.

-De acuerdo Ochoa. (2)

El almirante Daniels, en la entrevista que le hice para mi libro, narró lo siguiente: “Después de la autorización del presidente Pérez para presentar al T.C Chávez en la televisión llamé al coronel Juan Antonio Pérez Castillo, jefe del departamento de Relaciones Públicas, y le ordené convocar a los medios de comunicación en el salón protocolar del ministerio de la Defensa. Nos dirigimos hacia dicho salón el general Iván Jiménez Sánchez, algunos oficiales generales y almirantes y yo. Deseo resaltar lo siguiente: referente a la orden emitida por el presidente Pérez de que se grabara dicho mensaje, en ningún momento la intervención del T.C. Hugo Chávez fue a través de microondas. Los distintos medios grabaron el mensaje y salieron a llevar el correspondiente casette a sus diferentes canales y radios.” (3).

El mensaje de Hugo Chávez fue corto pero impactante:

-“Lamentablemente, por ahora, los objetivos que nos planteamos no fueron logrados en la ciudad capital, es decir aquí en Caracas, no logramos controlar el poder. Ustedes lo hicieron muy bien allá, pero ya es tiempo de evitar más derramamiento de sangre”. (4)

Siempre he creído, y lo mantuve en la entrevista que le hice el almirante Daniels, que en su oficina se manipuló al Alto Mando Militar para lograr que se permitiera la presentación de Hugo Chávez en la televisión. Él nunca lo aceptó. Su opinión sobre la actuación de los oficiales que lo acompañaban en su oficina fue la siguiente: “Su actuación fue absolutamente leal. En todo momento trataron de colaborar en las decisiones que tuve que tomar. La situación militar no terminaba de normalizarse. Evaluamos la posibilidad de bombardear las unidades insurrectas, pero nos dimos cuenta de que dicho bombardeo tendría un elevado costo en pérdidas de vidas y material de guerra. De esa discusión surgió la idea de presentar a Hugo Chávez en la televisión para influir en la posición que mantenían los oficiales alzados. Pensamos que de esa forma lograríamos la rendición” (5).

Por otra parte, no era fácil prever que tan cortas palabras iban a tener el impacto que logró en la opinión pública. Además, Hugo Chávez había traicionado su juramento, violado la Constitución y conducido a sus compañeros de aventura a arriesgar sus vidas mientras él permanecía a buen resguardo detrás de los gruesos muros del Museo Militar. ¿Evaluó el Alto Mando Militar con suficiente objetividad la situación militar? Estoy convencido que sí. Era imprescindible lograr la inmediata rendición de las unidades insurrectas. El inicio de los combates hubiese comprometido la estabilidad del gobierno constitucional ya que era muy difícil determinar la reacción que podían tener muchos de los oficiales ante el hecho de verse obligados a combatir contra sus propios compañeros de armas. El espíritu de cuerpo y la camaradería eran valores muy arraigados en el estamento militar de ese tiempo.

¿Fue una ligereza mía no atenerme estrictamente a lo ordenado por el presidente Pérez de grabar dicha presentación? Creo que no. La certeza que me transmitió el almirante Daniels del inminente enfrentamiento entre la unidad de tanques que rodeaba la base aérea Libertador y los F.16 justificaba la urgencia de una decisión. No era posible regresar al despacho presidencial a discutir sus ventajas y desventajas. Tampoco es verdad que Hugo Chávez alcanzó la presidencia de la República, gracias a esa presentación. La popularidad obtenida como resultado de su aventura, fomentada por los medios de comunicación y poderosos sectores de la opinión pública, se desvaneció totalmente. A su salida de la cárcel en marzo de 1994 “sólo tenía 5 % de popularidad, manteniendo tan bajo porcentaje hasta el año 1997”. (6) Su posibilidad de triunfo en las elecciones presidenciales surgió de los errores políticos cometidos, en 1998, principalmente la escogencia, por Acción Democrática y Copei, de Luis Alfaro Ucero e Irene Sáez como candidatos presidenciales.

1 – Ochoa Antich, Fernando, “Así se rindió Hugo Chávez”, Libros de El Nacional, Caracas, 2007, entrevista al general Efraín Visconti Osorio, pp.111, 160

2,3 – Ochoa Antich, Fernando, “Así se rindió Hugo Chávez”, Libros de El Nacional, Caracas, 2007, diálogos entre Carlos Andrés Pérez, Elías Daniels y Fernando Ochoa Antich.

4 – Jiménez Sánchez, Iván Darío, Los golpes de Estado desde Castro hasta Caldera, corporación Marca, Caracas, 1996, intervención televisiva de Hugo Chávez, p.172;

5 – Ochoa Antich, Fernando, “Así se rindió Hugo Chávez”, Libros de El Nacional, Caracas, 2007, entrevista al vicealmirante Elías Daniels, pp. 170, 171

6 – Rangel, José Vicente, Revista Bohemia, Caracas 1997.

Caracas, 12 de abril de 2020.

fochoaantich

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20200412. Mi verdad sobre el 4 de Febrero V.docx

MI verdad sobre el 4 de Febrero (IV) Por: Fernando Ochoa Antich. Opinión. Venezuela.

Estimados amigos:

            Les remito anexo mi artículo de opinión de hoy domingo: Cordialmente, Fernando Ochoa Antich.

Mi verdad sobre el 4 de Febrero (IV)

Fernando Ochoa Antich.

Una vez controlada la situación en Fuerte Tiuna, conversé con varios generales que habían estado detenidos en la alcabala de entrada de la Comandancia del Ejército, entre ellos los generales Iván Jiménez Sánchez y Ramón Santeliz Ruiz y el vicealmirante Germán Rodríguez Citraro. Decidí trasladarme a Miraflores a recibir al presidente Pérez. Designé al coronel Rubén Medina Sánchez para que me acompañara. Llegamos cerca de las 3 a.m. Encontré en la antesala del despacho presidencial al señor Luis Alfaro Ucero, lo saludé e intercambiamos algunas palabras. Minutos después se anunció la llegada del presidente Pérez. Lo recibí y nos dirigimos a su despacho. Subí con él a sus habitaciones. La suite japonesa mostraba los destrozos del criminal ataque. Le informé la situación militar y la urgencia de controlar y rendir el Museo Militar, la base Francisco de Miranda, la Brigada de Paracaidistas, la Brigada Blindada y el Cuartel Libertador.

En la conversación le resalté un hecho que consideraba inexplicable  hasta ese momento: “Presidente, me he comunicado con todos los comandantes de Fuerza a excepción del general Rangel. Debe estar preso o se encuentra comprometido con la insurrección”. La respuesta del presidente me sorprendió: “Usted no se habrá comunicado con el general Rangel, yo,  desde que comenzó la crisis, he estado en contacto con él”. Le respondí secamente: “Usted es el presidente de la Republica, si el general Rangel se ha comunicado con usted es más que suficiente”. Fue una demostración de la molestia que sentía ante la conducta del general Rangel. Le solicité permiso para retirarme y me trasladé a la antesala presidencial. Allí se encontraba el general Oviedo Salazar. Evaluamos la situación militar durante algunos minutos. Le ordené reorganizar la fuerza de tarea y recuperar la base Francisco de Miranda y la comandancia de la Aviación.

Seguidamente, decidí llamar por teléfono al T.C Chávez para exigirle su rendición. El T.C. Rommel Fuenmayor logró comunicarse con el Museo Militar. Lo atendió el coronel Marcos Yánez Fernández, su director, quien me había llamado al ministerio informándome, cerca de la 1 am, que el T.C. Chávez había tomado sus instalaciones, planteándole mi interés en conversar con el TC. Chávez.  A los cinco minutos atendió la llamada. La conversación duro cerca de diez minutos:

-“Chávez, la situación está totalmente controlada por el gobierno nacional. Lo estoy llamando desde Miraflores. Ríndase para evitar que continúe el derramamiento de sangre. Reflexione. Piense en sus deberes militares”;

-“MI general, no me voy a rendir. Tenemos el control de importantes guarniciones y los combates serían largos y costosos”;

-“Chávez, le repito, la situación está totalmente controlada por el gobierno nacional. Ríndase”;

-“Mi general, ¿por qué usted no viene hasta aquí para que conversemos personalmente”?;

-“Usted está loco Chávez. Si voy al Museo Militar, usted me detiene”;

-“No mi general, le doy mi palabra que no será así”;

-“Chávez, esa propuesta suya es imposible de aceptar. Ríndase”;

En ese momento vi pasar al general Ramón Santeliz Ruiz, quien, como lo habían hecho muchos otros militares y civiles, se había trasladado al palacio de Miraflores. Conocía su amistad con Hugo Chávez:

– “Chávez, aquí está el general Ramón Santeliz Ruiz. Lo voy a enviar para que le demuestre lo comprometido de su situación”;

-“De acuerdo, mi general”.

Inmediatamente informé al presidente Pérez sobre el contenido de la conversación. Estuvo de acuerdo con enviar al Museo Militar al general Santeliz a conversar con Hugo Chávez. La gestión del general Santeliz no tuvo éxito. Juntos se lo informamos al presidente Pérez. Nos escuchó con detenimiento y con mucha serenidad me ordenó: “ministro, ataque inmediatamente el Museo Militar con la aviación”. El general Santeliz le pidió autorización al presidente Pérez para llamar telefónicamente al T.C. Chávez. Lo hizo. Desde el teléfono nos dijo en voz alta: “Señor presidente, señor ministro, el comandante Chávez se rendirá a las 3 de la tarde”. El presidente Pérez se acercó y en voz alta, para que el T.C Chávez escuchara, expresó: “Dígale a ese señor que se rinda ahora o apenas amanezca será bombardeado”.

Acto seguido llamé al almirante Daniels y le ordené movilizar a la Infantería de Marina para atacar el Museo Militar. Me ratificó el control de todas las bases aéreas a excepción de la base Francisco de Miranda. Reflexioné unos minutos. Bombardear las unidades insurrectas complicaría,  aún más,  la situación. Le ordené entonces movilizar la Décima Segunda Brigada de Infantería y la Sexta División de Caballería acantonadas, respectivamente, en Barquisimeto y San Juan de los Morros con la finalidad de presionar la rendición de la Brigada Blindada. Me informó que la columna de tanques que se dirigía a Caracas, se había rendido, cerca de las 3 a.m., ante la imposibilidad de continuar la marcha, gracias a la fuerte posición defensiva establecida por el coronel Norberto Villalobos y efectivos del Comando Logístico del Ejército

A las 5:45 a.m. llamé de nuevo a Hugo Chávez desde el despacho privado del presidente de la República:

-“Chávez, ¿Qué ha pensado? ¿Se rinde o no?”;

-“Mi general, tenemos el control de las guarniciones de Maracay, Valencia y Maracaibo;

-“Chávez, si usted no se rinde dentro de diez minutos ordenaré el ataque con la Infantería de Marina y la Aviación. Usted no tiene alternativa. Si resiste, lo único que va a ocasionar es un mayor derramamiento de sangre. Piense en sus deberes militares”;

-Mi general, conozco mis deberes militares. No me rindo;

-“Chávez, voy a hacer sobrevolar la Aviación sobre el Museo Militar dentro de unos minutos. La Infantería de Marina se desplaza, en este momento, por la autopista. Piénselo. No vale la pena sacrificar la vida de sus soldados”.

Hugo Chávez trataba de ganar tiempo con la esperanza de que al amanecer otras unidades se insurreccionaran. Llamé al almirante Daniels y le ordené que hiciera sobrevolar el Museo Militar con los F.16. En ese momento el presidente Pérez me llamó a su despacho. Molesto me dijo:

-“Ochoa, ordené el ataque al Museo Militar. No quiero más negociaciones”;

-“Presidente, voy a hacer sobrevolar la aviación  para mostrar nuestro poder de fuego. La Infantería de Marina se desplaza por la autopista. Pienso atacarlo con la Infantería de Marina y la Aviación en caso de que no se rinda”

-“No quiero más negociaciones. Bombardéelo a la brevedad posible”-

-“Presidente, lo haré apenas la Infantería de Marina esté desplegada. Bombardear no es sencillo. La cercanía del 23 de Enero complica la operación. Permítame continuar la negociación”;

-“Ochoa, le doy diez minutos para que se rindan los insurrectos. Después, ordene el ataque”;

-“Entendido, presidente”

Aproximadamente a las 6:15 a.m. llamé, nuevamente, al Museo Militar. Me atendió el coronel Yánez Fernández. Hugo Chávez se negó a hacerlo. Le dije que le informara sobre las acciones que estaba tomando para atacarlo. En su informe el coronel Yánez narra lo siguiente: “Así lo hice. Me trasladé hasta la entrada principal del Museo Militar. Allí estaba Hugo Chávez. Se observaba pálido y muy desmoralizado. Le informé mi conversación con el ministro de la Defensa. Se quedó pensativo unos minutos. Los F-16 volvieron a sobrevolar sobre el Museo Militar. Hugo Chávez me dijo en ese momento: Dígale al ministro que conversaré con él. Me dirigí hacia mi oficina. Hugo Chávez me siguió. Tomé el teléfono, le informé al general Ochoa que allí se encontraba el T.C. Chávez. Él me pidió que lo dejara sólo en mi oficina para conversar con el ministro Ochoa” (1):

– “Chávez, ¿qué ha pensado? Observe que la Aviación, la Armada y la Guardia Nacional se mantienen leales al gobierno constitucional. Sólo algunas unidades del Ejército se han insurreccionado en muy pocas guarniciones. Las unidades en Caracas en su casi totalidad se mantienen leales. Sólo falta por rendirse la base Francisco de Miranda y el Museo Militar. La base Francisco de Miranda está siendo atacada con éxito. Si continúan los combates, usted será responsable de los muertos. Ríndase de inmediato. De no hacerlo ordenaré el ataque al Museo Militar con la Aviación y la Infantería de Marina. Tenga en cuenta que por su terquedad las muertes que ocurran caerán sobre su conciencia. Piénselo”

– “Mi general, deme diez minutos para pensarlo”,

-“Chávez, le concedo los diez minutos”.

Transcurrido ese tiempo llamé, de nuevo, al Museo Militar. Me atendió el teléfono el propio Hugo Chávez.

– “¿Que ha pensado Chávez?”,

– “Mi general, necesito garantías para rendirme”

– “Usted las tiene. A usted y a los demás oficiales sublevados le serán respetados sus derechos humanos y su condición de oficiales de las Fuerzas Armadas. Le doy mi palabra”.

– “Mi general, me rindo”

-Bien Chávez. Voy a enviar al general Santeliz para que lo traslade detenido al ministerio de la Defensa.”

Eran las 6:30 a.m. Cerré el teléfono, el presidente Pérez estaba presente y al tanto de la conversación. Le solicité autorización para enviar al general Santeliz  al Museo Militar con la finalidad de detener y trasladar al ministerio de la Defensa al T.C. Hugo Chávez. Me comuniqué con el almirante Daniels y le informé la rendición del Museo Militar.

1-    Ochoa Antich, Fernando, entrevista al Coronel Marcos Yánez Fernández, p. 165,  “Así se rindió Chávez”, Libros de El Nacional, año 2007, p.

Caracas, 5 de abril de 2020.

fochoantich@gmail.com.

20200405. Mi verdad sobre el 4 de Febrero IV.docx

Mi verdad sobre el 4 de Febrero (II) Por: Fernando Ochoa Antich. Opinión. Venezuela.

Estimados amigos:
Les remito anexo mi artículo de opinión de hoy domingo.
Cordialmente,  Fernando Ochoa Antich.
   
Mi verdad sobre el 4 de Febrero (II)

Fernando Ochoa Antich.

Después de haber informado telefónicamente al presidente de la República sobre lo que ocurría en Maracaibo, me trasladé en un vehículo particular al ministerio de la Defensa. Al entrar a mi oficina recibí una llamada del presidente Pérez. Me dijo con angustia: “Están atacando La Casona”. Su familia permanecía en la residencia presidencial. La única respuesta que tuve fue: “No se preocupe presidente, enviaré refuerzos”. En ese momento no tenía ningún control sobre la situación. Seguía sin poder comunicarme con el general Pedro Rangel Rojas, comandante del Ejército. Ante esa imposibilidad, llamé directamente al general Jorge Tagliaferro De Lima, comandante de la Tercera División de Infantería. Su ordenanza me informó que había salido hacia el batallón “Ayala”. En ese momento, ingresó a mi oficina el vicealmirante Elías Daniels, Inspector General de las Fuerzas Armadas. Le ratifique lo que ocurría y le ordené comunicarse con los distintos comandos de guarnición para establecer un estado de alerta a nivel nacional

El almirante Daniels, a los pocos minutos, me informó que en Maracaibo se habían insurreccionado los grupos de Artillería Monagas y Freites y que no había podido comunicarse con las guarniciones de Maracay y Valencia. El coronel Roberto Moreán Umanés, el teniente coronel Diego Moreno, comandante del batallón “Caracas”, y el mayor Edgar Ramírez Moyeda entraron a mi despacho para informarme que una unidad de Ingenieros tenía rodeada la sede del ministerio de la Defensa y estaba atacando la comandancia del Ejército. Les ordené al coronel Moreán y al teniente coronel Moreno que tomaran directamente el mando de las tropas, las cuales ya estaban desplegadas en defensa de la sede del ministerio. En ese momento, repicó el teléfono interministerial. Era de nuevo el presidente Pérez. Con sorprendente serenidad me dijo: “Ochoa, están atacando Miraflores. Escuche”. Se oían disparos de todo tipo de armas. Con poca confianza le repetí: “Presidente, le enviaré refuerzos”. Colgó el teléfono.

A las 00:25 a.m., dos de esos vehículos habían derribado la reja de acceso al palacio presidencial y tomado el control de la calle interna de Miraflores. “Cuando nos asomamos a ver por la puerta amarilla del despacho presidencial observamos un vehículo blindado, con una tripulación de soldados con boina roja, ingresando al palacio a alta velocidad. Forzaron la reja principal, redujeron a los guardias de prevención y se bajaron frente a la puerta amarilla. En ese momento, el teniente coronel Rommel Fuenmayor hizo frente a un efectivo militar, quien con su fusil apuntó al edecán de servicio y al comisario Hernán Fernández, jefe de la Escolta Civil” (1) Este último logró desarmarlo. El CA Iván Carratú Molina, el Cnel. Rafael Hung Díaz, el T.C Fuenmayor y el comisario Fernández, aprovecharon cierto desconcierto de los atacantes para retroceder con rapidez hacia el interior del palacio y guarecerse en sus oficinas desde donde intercambiaron disparos con los insurrectos. Los efectivos sublevados tomaron la antesala presidencial.

Al mismo tiempo, el presidente Pérez, armado de una subametralladora, se atrincheró en su despacho acompañado del teniente coronel Gerardo Dudamel y varios escoltas. Los separaba de la unidad atacante una fuerte puerta de seguridad. El intercambio de disparos se mantuvo por quince minutos aproximadamente hasta que dos de los soldados atacantes cayeron heridos por una ráfaga disparada desde las oficinas de la Casa Militar. Este hecho desmoralizó a los soldados insurrectos que abandonaron la antesala del despacho presidencial con la finalidad de evacuar a los heridos. La Casa Militar y la Escolta Civil lograron cerrar la puerta que comunica el despacho presidencial con el exterior. La avenida Rafael Urdaneta y la calle interna del palacio presidencial continuaron controladas por la unidad insurrecta, mientras la Casa Militar, la Escolta Civil y los efectivos del batallón de Seguridad mantenían el control de Miraflores y del cuartel del Regimiento de la Guardia de Honor.

Lamentablemente, el control por los insurrectos de la calle interna del palacio presidencial impidió que los efectivos de la Guardia de Honor pudieran reforzar a los defensores del palacio, debido a que, justamente, el túnel que une esas dos edificaciones termina en dicha calle. ¿Por qué el palacio de Miraflores sólo fue defendido por la Casa Militar, la Escolta Civil y un reducido número de soldados? De manera inexplicable, el CA Iván Carratú Molina, jefe de la Casa Militar, quien fue informado por el T.C Dudamel, edecán de guardia, la novedad de lo que ocurría en Maracaibo y del traslado del presidente Pérez a Miraflores, no ordenó la inmediata aplicación del plan de Defensa Inmediata del palacio presidencial. Miraflores fue atacado una hora después de iniciada la insurrección. El plan de Defensa Inmediata establecía que los efectivos del Regimiento de la Guardia de Honor debían tomar todo el perímetro del palacio presidencial, hasta una distancia de cuatro cuadras, a fin de impedir el tránsito hacia Miraflores y controlar los puntos críticos.

Al no poder contactar al general Tagliaferro, llamé al general Luis Oviedo Salazar, comandante de la 31 Brigada de Infantería, quien me informó la situación: “una compañía de carros de combate perteneciente al batallón Ayala se insurreccionó, permaneciendo leales dos compañías de dicho batallón, junto al Grupo de Artillería Rivas”. Antes de terminar la información le pregunté: “¿El batallón Bolívar se mantiene leal?” “Si mi general” fue su respuesta. Esta noticia me impactó favorablemente, conocía el poder de fuego de dicho batallón. Le ordené organizar un grupo de tarea con el batallón Bolívar y las dos compañías que permanecían leales del batallón Ayala para atacar la unidad insurrecta que rodeaba Miraflores. Al terminar de hablar con el general Oviedo me comunicaron una llamada desde un puesto de la Guardia Nacional en la autopista Regional del Centro. Un Guardia Nacional me informó que una unidad de tanques acababa de pasar rumbo a Caracas. Me asaltaron nuevas dudas. ¿Se mantendrá leal la Brigada Blindada?

Llamé telefónicamente al general Ferrer Barazarte, comandante de dicha brigada. Me atendió el teléfono el capitán Darío Arteaga Paz. Al pedirle, me comunicara con el general Ferrer me respondió: “No puedo mi general. Está preso en un calabozo”. Traté de convencerlo para que depusiera su actitud, pero sus palabras “Patria o muerte”, no daban lugar a dudas. La Brigada Blindada, la unidad de mayor poder de fuego del centro del país se encontraba en poder de las fuerzas insurrectas. De inmediato traté de localizar telefónicamente a los generales Diógenes Marichales y Juan Antonio Paredes Niño, comandante de la IV División de Infantería y de la base aérea “Libertador” respectivamente. No pude hacerlo. Los teléfonos no respondían. Empecé a temer que la Guarnición de Maracay y la base “Libertador” estuvieran comprometidas en el alzamiento. Le requerí al almirante Daniels una evaluación detallada de la situación militar. A los minutos regresó resumiéndome, para ese momento, la situación a nivel nacional:

“El presidente de la República se encuentra sitiado en el palacio presidencial por una compañía de carros blindados; La Casona está siendo atacada por una compañía de paracaidistas; el ministerio de la Defensa está rodeado por una compañía del regimiento Codazzi, que al mismo tiempo tomó varios pisos de la comandancia del Ejército; un batallón de paracaidistas ocupó el comando de la Aviación y detuvo al general Eutimio Fuguet Borregales y a su Estado Mayor; la Brigada Blindada se insurreccionó; el Comando Regional No.2, acantonado en Valencia, está siendo rodeado por una unidad de tanques; los generales Juan Ferrer Barazarte y Juan Antonio Paredes Niño se encuentran prisioneros de los sublevados; la base “Libertador” está cercada por una unidad de tanques; Maracay continúa incomunicado”. En ese momento, recibí otra llamada del puesto de la Guardia Nacional en La Encrucijada con la información de que una batería de misiles se dirigía hacia la capital. Reflexioné unos instantes. Los minutos comenzaban a ser cruciales.

Decidí llamar al presidente Pérez:

· “Presidente, es necesario que usted se dirija a los venezolanos”;

· “Ochoa, estoy totalmente rodeado. Sería imposible salir. Me detendrían de inmediato o me dispararían”;

· “Es verdad presidente, pero la situación es de tal gravedad que tiene que hacerlo. Si usted no se dirige al país, el gobierno está derrocado”;

· “¿Es tan delicada la situación?” “Si presidente, la situación es de inmensa gravedad”

· “Y por donde salgo” “Por los túneles, presidente. Debe haber alguna puerta sin control”

· “Lo haré Ochoa”. Es mi responsabilidad. (2)

Un pesado silencio interrumpió la conversación. El presidente Pérez cerró el teléfono. Me sentí angustiado. Comprendí el riesgo al cual estaba sometiendo al presidente de la República. En verdad, no veía otro camino. Si no se daba una demostración clara de que el gobierno constitucional controlaba la situación, la sublevación se podía extender y lograr su derrocamiento. Ante tan graves circunstancias, el presidente Pérez, responsablemente, arriesgó su vida, para salvaguardar el régimen constitucional. La historia se lo reconocerá.

1.-Carratú Molina Iván, entrevista, El Nacional, 6 de febrero de 1992.

2.-Ochoa Antich, Fernando, “Así se rindió Chávez”, Los libros de El Nacional, Editorial CEC, año 2007.

Caracas, 22 de marzo de 2020.

Correo: fochoaantich@gmail.com

TWITTER: @FOchoaAntich

FUENTE PRIMARIA: Mi verdad sobre el 4 de Febrero (II) / EL NACIONAL

IMAGEN INFERIOR: G/D (Ej.) Fernando Ochoa Antich / LLUVIA DE BALAS SOBRE LA CASA PRESIDENCIAL/ Richard Bolívar

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20200322. Mi verdad sobre el 4 de Febrero II.docx

Mi verdad sobre el 4 de Febrero (I) Por: Fernanado Ochoa Antich. Opinión. Venezuela.

Estimados amigos:

Les remito anexo mi artículo de opinión del próximo domingo. Cordialmente, Fernando Ochoa Antich.

Mi verdad sobre el 4 de Febrero (I)

Fernando Ochoa Antich.

El reciente aniversario de la traición perpetrada por Hugo Chávez contra la Constitución Nacional y su propio juramento de soldado, ha servido, una vez más, para que personas interesadas en satisfacer egos personales aporten versiones distorsionadas de esos hechos. Tales distorsiones engañosas llevan a los venezolanos a plantearse preguntas que creo mi obligación responder. Lo haré en varios artículos: ¿Por qué el presidente Pérez, el ministro de la Defensa y el Alto Mando fueron sorprendidos por el alzamiento militar? ¿Por qué el palacio de Miraflores sólo fue defendido por la Casa Militar, la Escolta Civil y un reducido número de soldados? ¿Por qué el presidente Pérez tuvo que arriesgar su vida para poder dirigirse a los venezolanos? ¿Por qué fracasó la insurrección? ¿Por qué Hugo Chávez se dirigió a las unidades alzadas sin haberse grabado previamente su mensaje? ¿Estuve yo comprometido con los oficiales insurrectos? Creo que al responder estas preguntas, de la manera más objetiva posible, podrán tener las futuras generaciones una visión más clara sobre tan repudiables hechos.

En la tarde del 3 de febrero de 1992 viajé a Maracaibo, en el avión asignado al ministro de la Defensa, con la finalidad de asistir a una reunión con el gobernador del estado Zulia, Oswaldo Álvarez Paz, para coordinar la participación de las Fuerzas Armadas en una campaña contra el cólera. Me acompañaron el doctor Lisandro Latuff, viceministro de Sanidad, el periodista Pastor Heydra, y mi ayudante, mayor Nelson Ávila Dávila. Regresamos a Caracas a las 7 p.m. El coronel Marcelino Rincón Noriega, Jefe del Estado Mayor de la Primera División de Infantería, me pidió el favor de viajar conmigo a Caracas. Al llegar a Maiquetía le ofrecí que me acompañara en el automóvil. Otro de mis ayudantes, el mayor Edgar Ramírez Moyeda me informó que el general Freddy Maya Cardona, comandante de la Guardia Nacional, quería conversar conmigo. Al tomar el automóvil lo llamé. De inmediato, me informó que circulaba en Caracas un fuerte rumor sobre un posible atentado contra el presidente Carlos Andrés Pérez, organizado por un grupo de oficiales subalternos, a su regreso de Davos.

Me comuniqué con el general José de la Cruz Pineda, director de Inteligencia Militar, quien me ratificó la información recibida del general Maya. Le pregunté si había alertado a la Casa Militar y al Comando Regional No. 5, responsable de la seguridad del aeropuerto de Maiquetía. Me respondió afirmativamente. Un poco más tranquilo continué hacia Caracas por la autopista. El tránsito era muy lento. Al acercarme al primer túnel interrogué a un guardia nacional, quien me informó que se había incendiado un automóvil dentro del túnel. Reflexioné unos minutos. Pensé que ese incendio podía tener relación con el rumor de un posible atentado. Ordené a mi conductor regresar al aeropuerto con la intención de esperar al presidente Pérez. Sin embargo, antes de llegar, decidí desviarme al comando del Destacamento No. 53 de la Guardia Nacional para requerir una escolta. Desde que recibí el cargo, nunca la había utilizado. El teniente coronel Marcos Ferreira Torres, comandante de la Unidad, me recibió en su oficina. Ya conocía la novedad. Me facilitó la escolta requerida.

Al salir de la oficina del teniente coronel Ferreira me esperaba Pastor Heydra. Su vehículo se encontraba detrás del mío en la autopista y sorprendido por mi retorno, decidió seguirme. Le expliqué lo del rumor y le pedí que llevara en su vehículo al coronel Rincón hasta Caracas. En la rampa 4 encontré al coronel Rafael Hung Díaz, subjefe de la Casa Militar. Me informó sobre las medidas de seguridad establecidas para reforzar la seguridad del presidente Pérez. A las 9:30 p.m. llegó el doctor Virgilio Ávila Vivas, ministro del Interior, a quien correspondía recibir al Presidente de la República. Le informé del rumor existente. A la 10 p.m. arribó el presidente Pérez. Al notar mi presencia se mostró preocupado y me preguntó el motivo para estar esperándolo. Interesado en abandonar con rapidez la pista de aterrizaje, le respondí que se lo comunicaría en el automóvil. Una vez dentro del vehículo, nos acompañaba el doctor Avila Vivas, le manifesté: “presidente, toda la tarde ha circulado un rumor sobre un posible atentado a su persona realizado por un grupos de oficiales subalternos a su arribo de Davos”.

El presidente Pérez visiblemente molesto me respondió: “rumores y más rumores. Esos rumores son los que le hacen daño al gobierno. Lo espero mañana a las 7 a.m. para iniciar una investigación”. Sorprendido por su actitud le respondí. “Allí estaré, presidente”. Guardé silencio durante todo el viaje. En pocos minutos llegamos a La Casona. Me despedí, tomé mi automóvil y llegué a la residencia ministerial. Eran aproximadamente las 11 p.m. Me esperaba mi esposa para cenar. Lo hicimos y nos estábamos preparando para dormir cuando sonó con insistencia el teléfono interministerial. Al tomarlo, escuché la voz de Pastor Heydra: “Ministro, el coronel Rincón desea hablarle con urgencia”. El coronel Rincón me dijo: “Mi general, llamé por teléfono a mi señora a Fuerte Mara para participarle que había llegado bien a Caracas. Ella me acaba de informar que una compañía del batallón “Aramendi” se insurreccionó y se dirige hacia Maracaibo”. Muy sorprendido, le di las gracias y cerré el teléfono. La noticia me hizo ver que los rumores eran parte de una insurrección militar.

De inmediato llamé a La Casona para informarle al presidente Pérez. Me atendió el centralista. Esperé que lo localizara. A los pocos minutos me informó que el presidente Pérez no respondía. Le insistí en la urgencia de despertarlo. Al mismo tiempo, me comuniqué, por el intercomunicador, con el batallón “Caracas” con la finalidad de alertar a su comandante. Me respondió el coronel Roberto Moreán Umanés, comandante del Cuartel General del ministerio de la Defensa. Le pregunté la razón por la cual se encontraba a esa hora en su Comando. Me explicó que el general Pedro Rangel Rojas, comandante del Ejército, había establecido un estado de alerta en la tarde de ese día. Extrañado por no conocer esa decisión, le ordené aplicar el Plan de Defensa Inmediata de la sede del ministerio de la Defensa. En ese momento escuché la voz de Carolina Perez. Le expliqué lo que ocurría. Con rapidez despertó a su padre. El presidente Pérez tomó el teléfono. Le informé del alzamiento en Fuerte Mara. De inmediato me ordenó: “Salga usted hacia el ministerio de la Defensa que yo me trasladaré a Miraflores”.

¿Por qué el presidente Carlos Andrés Pérez, el ministro de la Defensa y el Alto Mando fueron sorprendidos por el alzamiento militar? El capitán René Gimón Alvarez, oficial de planta de la Academia Militar, tenía la misión, establecida en la orden de operaciones Ezequiel Zamora, de insurreccionar el batallón de cadetes y detener a los oficiales no comprometidos, entre ellos al general Manuel Delgado Gainza, director de dicho Instituto. Este hecho lo angustió profundamente. Un mes antes había iniciado amores con su hija. A las 10:30 a.m. de ese día 3, decidió sincerarse con el general Delgado: “Mi general, esta noche un grupo de oficiales intentarán impedir la entrada al país del presidente de la República y tratarán de alzar varias unidades en Fuerte Tiuna. El movimiento debe ocurrir esta noche a las 10 p.m.”. El general Delgado, sorprendido por la información recibida, llamó de inmediato al general Pedro Rangel Rojas, comandante del Ejército, planteándole la necesidad urgente de transmitirle una novedad. El general Rangel lo invitó a trasladarse a su comando.

El general Rangel recibió al general Delgado a las 12:30 p.m. Este le comunicó la información. Su respuesta fue: “Deseo, antes de tomar cualquier medida, hablar con el capitán Gimón Álvarez. Le agradezco ordenarle que se presente en mi comando”. A pesar de lo delicado de la información, el general Rangel hizo esperar al general Delgado y al capitán Gimón hasta las 3 p.m. por encontrarse recibiendo cuenta del general Moisés Orozco, director de Finanzas. El general Reinaldo Valero Rivas, director de Inteligencia, al conocer la información, le recomendó al general Rangel enviar un radiograma circular a todas las unidades del Ejército establecer un estado de alerta. (1) El general Rangel no aceptó dicha recomendación y decidió ordenar el acuartelamiento exclusivamente al comando de la Tercera División de Infantería y a sus unidades acantonadas en Fuerte Tiuna. La actuación del general Rangel no tiene explicación. (2) Las medidas que tomó no fueron suficientes para enfrentar tan vasta conspiración. Tampoco comunicó la información recibida al ministro de la Defensa ni al vicealmirante Elías Daniels, Inspector General de las Fuerzas Armadas. (3) De haberlo hecho, se hubiera ordenado un acuartelamiento de todas las Fuerzas Armadas, lo cual hubiera limitando totalmente las posibilidades de que ocurriera el alzamiento.

1.- Valero Rivas Reinaldo, informe relacionado con los hechos ocurridos los días 3 y de febrero de 1992. Caracas, 19 de febrero de 1992.

2.- Jiménez Sánchez, Iván Darío, Los golpes de Estado desde Castro hasta Caldera, corporación Marca, Caracas, 1996, p 207.

3.- Daniels Elías, entrevista, Caracas, 13 de marzo de 2006.

Caracas, 15 de febrero de 2020.

fochoaantich@gmail.com

Twitter: @FOchoaAntich 

FUENTE PRIMARIA: Mi verdad sobre el 4 de Febrero (I) / EL NACIONAL

IMAGEN INFERIOR: G/D (Ej.) Fernando Ochoa Antich / LLUVIA DE BALAS SOBRE LA CASA PRESIDENCIAL/ Richard Bolívar

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20200315. mi verdad sobre el 4 de febrero i

 

La falacia del bloqueo. Por: Fernando Ochoa Antich. Opinión. Venezuela.

Estimados amigos;

Les remito anexo mi artículo de opinión de hoy domingo. Abrazos, Fernando Ochoa Antich

La falacia del bloqueo

Fernando Ochoa Antich

Hace algunos días sostuvo la secretaria juvenil femenina del PSUV, Aurora Paredes, en el programa de Vladimir Villegas, con gran convencimiento, que la tragedia que vive nuestro pueblo es la consecuencia del bloqueo que realizan los Estados Unidos a Venezuela. Causa tristeza ver la forma en que se engaña a un sector de nuestra juventud. La inmensa mayoría de nuestro pueblo sabe que eso no es verdad. Los grandes problemas nacionales, que actualmente padece nuestra Patria, surgen del modelo estalinista, caracterizado por un creciente totalitarismo, de los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro. Los jóvenes deben conocer que esa ideología ensombreció la historia del hombre durante el siglo XX al conducir a la muerte a 70 millones de personas durante la revolución de Mao Zedong, 21,5 millones bajo el régimen de Stalin, provocar el martirio que todavía sufre el pueblo cubano y nuestra actual catástrofe nacional. Además, en Venezuela han ocurrido centenares de muertes a manos del régimen, como lo certifica el reciente informe de Michel Bachelet.

Conviene recordar brevemente la evolución política, económica y social de Venezuela, en estos últimos veinte años, para entender las causas del inmenso fracaso de los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro. El problema político venezolano surgió de la propia constitución de 1999, la cual fue electa a través de un retorcido sistema de votación que no respetó el principio de la representación proporcional de las minorías. De esta manera, con el 52 % de los votos, el oficialismo se hizo con el 95 % de los escaños y la oposición sólo logró obtener el 5%, es decir, 6 diputados. De todas maneras, aunque no existía un real pluralismo político, su contenido preservó importantes principios democráticos, pero no ratificó nuestra tradición histórica al instaurar la reelección inmediata del presidente de la República por un período presidencial. Además, Hugo Chávez trató, posteriormente, de incluir la reelección indefinida en todos los cargos de elección popular, la cual fue rechaza por nuestro pueblo. Sin embargo, a través de una argucia jurídica hizo aprobar la reelección indefinida del presidente de la República. Estos abusos iniciales permitieron al establecimiento de un régimen de marcada vocación totalitaria.

Los dos gobiernos de Hugo Chávez se caracterizaron por ser personalistas, clientelares, corruptos, de marcada tendencia totalitaria, irrespetuosos del Estado de Derecho y de los principios democráticos. Si bien se podría argumentar que tuvieron legitimidad de origen al haber triunfado en varias elecciones, no se puede negar que en todos los procesos comiciales hubo un gran ventajismo. De todas maneras, su legitimidad de ejercicio siempre estuvo cuestionada en virtud de su permanente irrespeto a la Constitución y a las leyes. Su prematura muerte le evitó sentir el rechazo popular que, con certeza, habría ocurrido con la disminución de los ingresos nacionales. Los dos gobiernos de Nicolás Maduro se han caracterizado por tener los mismos defectos anteriores incrementados por una total falta de legitimidad tanto de origen como de ejercicio. Ninguno de sus supuestos triunfos electorales ha sido reconocido por la oposición democrática, con el agravante de que el último, tampoco lo fue por los gobiernos de 59 países democráticos, por ser absolutamente fraudulento. La independencia del poder Legislativo ha sido irrespetada permanentemente, así como también la inmunidad parlamentaria. Cabe destacar la permanente violación de los derechos humanos, en ambos gobiernos, los cuales han dado origen a la aplicación de sanciones internacionales.

Afirmar que la inmanejable crisis venezolana es consecuencia de las sanciones de los Estados Unidos es un argumento falaz. Nuestra economía presenta un conjunto de factores estructurales tales como la exagerada dependencia de un solo producto, la tendencia a acumular gestiones fiscales deficitarias, el peso excesivo del Estado en la actividad económica, el escaso dinamismo del sector privado no petrolero etc., que debieron ser resueltos durante los años del esplendor petrolero. Nada se hizo. Al contrario, se promovió, por razones políticas, un sistema distributivo, sin percibir que esa forma ligera de administrar traería por consecuencia la inmensa crisis económica que padecemos: en el año 2017, Venezuela sufrió una caída del Producto Interno del 40 %, encontrándose el Banco Central sin reservas para poder enfrentar el pago del servicio de la deuda externa, la cual alcanzó en el año 2012, no existen datos oficiales más actualizados, la inmanejable cifra de 113.000 millones de dólares, con vencimientos concentrados en un corto plazo, en medio de una creciente caída de la producción petrolera, consecuencia de la destrucción de PDVSA. Aunado a ello, la corrupción no disminuyó. Todo lo contrario, continuó incrementándose al paso de los días.

Esta desbastadora crisis económica se inició con la aprobación del “Plan de Desarrollo Económico 2007-2013”, inspirado en el Socialismo del Siglo XXI y orientado por el ministro Jorge Giordani, en el cual se estableció la nacionalización de todos aquellos sectores considerados estratégicos de la economía nacional. Las acciones comenzaron a partir del año 2007 al nacionalizar los sectores de comunicaciones, las grandes industrias básicas del hierro, del acero, del cemento y de la minería. Ese mismo año, las empresas extranjeras que trabajaban en la Faja Petrolífera del Orinoco fueron obligadas a aceptar nuevos términos de propiedad y control sobre los proyectos de explotación. La Exxon-Mobil y Conoco Phillips no aceptaron, generándose costosos procesos de arbitraje. En esos años Venezuela despilfarró más de 23.377 millones de dólares en pagar expropiaciones y nacionalizaciones de empresas, las cuales mayoritariamente quebraron, mediante un importante incremento de la deuda pública.

En el año 2010 empezaron las presiones sobre el Banco Central. El caso PDVSA es un buen ejemplo: el año 2013, la empresa petrolera adeudaba al Banco Central 65.000 millones de dólares. Al empezar a disminuir los precios petroleros, en el año 2014, todo colapsó. Su expresión inmediata fue el surgimiento de una creciente recesión. Naturalmente, esta irresponsable manera de administrar el esplendor petrolero condujo a la actual tragedia venezolana. Veamos la dolorosa situación social a finales del año 2019: desempleo 35%; inflación 7.374%; pobreza 25, 8 %; pobreza extrema 61,2 %. Esta tragedia es la gran responsabilidad histórica de Nicolás Maduro. En el año 2013, debió rectificar el equivocado rumbo económico. No lo hizo. Su gobierno, como es natural, ha tenido que enfrentar, de manera permanente, una grave crisis política que ha dificultado una posible rectificación económica. En lugar de buscar una solución negociada con la oposición, convocando a unas elecciones presidenciales justas y equitativas, ha preferido desafiar, con consecuencias impredecibles, a la Comunidad Internacional. Recomiendo a nuestros jóvenes documentarse sobre estos hechos para evitar ser engañados por intereses políticos y ambiciones personales.

Caracas, 16 de febrero de 2020.

fochoaantich

20200216. La falacia del bloqueo.docx

La huida hacia adelante. Por: FernandoOchoa Antich. Opinión. Venezuela

Estimados amigos:

Les remito anexo mi artículo de opinión del próximo domingo, Cordialmente, Fernando Ochoa Antich.

La huida hacia adelante

Fernando Ochoa Antich.

Esa expresión popular, referida a la incapacidad de algunas personas o grupo de personas para corregir los errores que los han conducido a confrontar serias dificultades, creyendo, equivocadamente, que pueden seguir avanzando para poder, de esta manera, resolver la situación adversa que enfrentan sin percibir que lo que hacen es agravarla, es exactamente la actitud que ha asumido Nicolás Maduro ante la muy compleja situación internacional que él mismo, irresponsablemente, ha provocado. En mi anterior artículo comenté sobre los riesgos existentes para Venezuela derivados de la actual política exterior y resalté la inconveniencia geopolítica de mantener una alianza con Rusia, Irán y Turquía para enfrentarse a los Estados Unidos, Europa, Canadá y el Grupo de Lima. Sin embargo, nunca imaginé que los acontecimientos internacionales de esta semana que finaliza se iban a precipitar con tal fuerza y gravedad. La respuesta del régimen madurista no ha sido otra que acelerar, como siempre, la huida hacia adelante sin importar los peligros a los que expone a Venezuela y a su pueblo.

Como era de esperarse, en su descabellada huida hacia adelante, lo único que ha logrado es comprometer, aún más, la ya precaria estabilidad del país e incrementar el inmenso rechazo a su régimen totalitario, tanto nacional como internacionalmente. En lugar de reconocer que la grave crisis en la cual ha sumido al país tiene su origen en la profunda ilegitimidad de su régimen, en su asfixiante autoritarismo, en la intolerable incapacidad y corrupción de su gestión, en la sumisión a una visión ideológica ampliamente rechazada por los venezolanos y en el establecimiento de una equivocada política exterior, su respuesta ha sido la de urdir una grotesca maniobra para impedir el normal funcionamiento de la Asamblea Nacional y la legítima elección de su Junta Directiva, allanar ilegalmente las oficinas de Juan Guaidó, incrementar la persecución contra los miembros del Poder Legislativo, comprometer militantemente a Venezuela a favor de Irán en su conflicto con los Estados Unidos y autorizar, inconstitucionalmente, la participación del embajador cubano en el Consejo de Ministros y en el Consejo de la Defensa Nacional.

La permanente violación de la Constitución Nacional, el rechazo a una aceptable solución electoral de la crisis nacional y los recientes abusos de poder del régimen madurista produjeron, de inmediato, un conjunto de acciones por parte de los gobiernos de los Estados Unidos, de Europa y de los países latinoamericanos: se realizó en Bogotá, el 20 de enero, la Tercera Conferencia Ministerial Hemisférica de lucha contra el terrorismo y la correspondiente reunión preparatoria de expertos sobre ese tema; se invitó a Juan Guaidó a asistir como observador a dicha reunión y a representar a Venezuela, como presidente encargado de la República, en el Foro Económico Mundial de Davos. Asistió al Parlamento Europeo, ante el cual expuso el problema venezolano e inició una importante gira por Europa. El presidente Duque, el Secretario de Estado Pompeo y el presidente Guaidó cuestionaron fuertemente a Nicolás Maduro en dicha reunión, anunciándose casi de inmediato la ejecución de ejercicios militares en Colombia entre unidades especiales de ese país y de los Estados Unidos. Definitivamente una firme e intimidante respuesta.

En la Tercera Conferencia Ministerial Hemisférica participaron 18 Estados latinoamericanos y cuatro observadores. Todos condenaron el terrorismo, de manera terminante, en todas sus formas y manifestaciones, reafirmando que ISIS, Al Qaeda, Hezbollah, el ELN, y Sendero Luminoso son organizaciones terroristas que representan una permanente amenaza para la seguridad colectiva. Expresaron “su preocupación por las actividades que redes del Hezbollah continúan realizando en algunas áreas del hemisferio occidental”. Antes de hacerse público el comunicado final, el Secretario de Estado, Mike Pompeo expresó: “Todos sabemos también que el máximo poder terrorista del régimen iraní, Hezbollah, ha encontrado un hogar en Venezuela bajo Maduro. Esto es inaceptable”. Esa posición fue respaldada por el presidente Duque, quien sostuvo: “Existen células de esa organización en el territorio venezolano con la anuencia de la dictadura de Maduro”. El anterior señalamiento realizado por el Secretario de Estado norteamericano fue ratificado posteriormente en una larga entrevista concedida a Radio Caracol.

Por último, el repudio a ese vínculo del régimen madurista con el terrorismo no sólo quedó en meras declaraciones sino que se buscó demostrar, con hechos, la decisión que podrían tomar esos países si las sanciones impuestas no son suficientes para que en Venezuela ocurra una transición política. Esa fue la razón, a mi criterio, para hacer coincidir la fecha de la Tercera Conferencia Ministerial Hemisférica de lucha contra el terrorismo con unos ejercicios militares de los Estados Unidos, Brasil y Colombia, los cuales se están realizando, desde el 23 al 29 de enero, en el aeropuerto de Tolemaida. Es intolerable que Nicolás Maduro y su enfermiza ambición de poder, respaldado por su corrupta camarilla, comprometa la seguridad de Venezuela y su pueblo, desafiando innecesariamente a los Estados Unidos. La tensión entre esa Nación e Irán se incrementa diariamente. Pretender formar parte de una alianza con el fundamentalismo iraní, para enfrentar militarmente a los Estados Unidos, en función de intereses políticos particulares es, por decir lo menos, un acto de traición a la Patria. Igualmente, la vinculación con Hezbollah es tan peligroso como lo anterior. Ojalá, la Fuerza Armada Nacional reflexione sobre su responsabilidad constitucional.

Caracas, 26 de enero de 2020.

fochoaantich.

Imagen Superior: Presidente Maduro a Pompeo: Cuba puede contar con Venezuela para todo hoy y siempre. Por cortesía de VTV

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