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Crónicas de Un Buhonero: La Casa Vacía. Por: Iván Fernández. El Buhonero de La Resistencia

​Date: Tue, 13 Oct 2015 16:19:42

Crónicas de Un Buhonero. La Casa Vacía.

Un día, te das cuenta que conociste al amor de tu vida. Con timidez, la invitas a salir y te sorprendes porque ella acepta. Luego de un par de años, junto con ella, tomas una decisión trascendental. Te casas y comienzas una nueva vida que trae muchas sorpresas porque es un proceso que nunca termina. Nuevos hábitos, nuevas experiencia y mientras tanto, sin darte cuenta sigues madurando.

Un día especial te enteras que una nueva vida está en camino. Con mucho miedo y al mismo tiempo felicidad, te entusiasmas y con tu esposa comienzas a preparar el cuarto para darle la mejor bienvenida al nuevo miembro de la familia, a alguien que se parecerá a los dos pero en ese momento y mucho después, aún no sabes que sólo es un préstamo que te hace la vida. Luego llegan los trasnochos, la angustia porque la bebé tiene fiebre o porque no quiere comer y así, sin darte cuenta ella crece y tu ganas madurez, responsabilidad y años.

Luego llegan más hijos y en cada oportunidad florece nuevamente la vida. La casa se llena de flores, de muebles, de llanto, de reclamos, de celos…..Ahora la mesa ya no tiene a dos personas que comparten. La mesa ahora está llena de gente. Así con los primeros días de colegio, la casa se completa con cuadernos y creyones que compras para entusiasmar a Mariana en su primer día de colegio. La maestra te dice que debes irte para que ella se acostumbre y en ese momento no sabes si el llanto es de ella que quiere un abrazo o tuyo que quieres abrazarla. En tu trabajo, estás pendiente de ese primer día. Alguna vez llega a casa rasguñada porque peleó con una amiguita. Otras veces te citan al colegio porque ella empezó una pelea.

Así, transcurre el tiempo y entes de darte cuenta ya Mariana está terminando su primaria. La experiencia te sirve para los otros hijos Ivancito y Luís que también reclaman, hacen bulla y quieren sus creyones y cuadernos. También aparece un dibujo en una pared recién pintada y nadie fue, nadie confiesa y tú te ríes mientras la madre protesta por la tremendura.Ya el mercado no son cuatro cosas, tienes que comprar compotas, cereales, leche y ropa. Afortunadamente, se puede y de alguna manera, sientes la satisfacción de hacer lo mismo que te enseño tu padre. Allí, en ese momento lo comprendes más y sabes cuánto vale mantener una casa.

El tiempo pasa, se escurre entre las manos mientras tus hijos ganan años y tú avanzas en tu vida. De pronto un día tu hija recibe un amiguito que te cae gordo pero lo dejas pasar…. De vez en cuando lo invitas a compartir tu mesa, Dios este niño, no come, ¡traga ¡

Por razones amargas, un mal día, por convicciones, por principios mi hija y yo nos quedamos sin empleo, fuimos botados por un patán que el tiempo demostró que no era más que un simple ladrón. Tu hija se va del país en busca de oportunidades que el país le niega. Allí se casa y nunca regresa, tiene a mis nietos, la última de las cuales aun no conozco. Al tiempo una tras otro se van los otros hijos, a formar sus familias, a buscar empleos en otro país y mientras tanto, tu pelo se va volviendo blanco. La vajilla ya no se usa y ahora, sólo se compran tres cebollas y cuatro papas. El pollo cuando se consigue, siempre sobra. Ya no hay carne, ni divisas para visitar a los hijos, ni medicamentos ni papel toalet.

La casa está vacía, ya no hay quien ponga música en alto volumen, ya no hay peleas. Sólo hay camisas y zapatos que no son de tu talla. En la mesa sólo hay dos comensales. La inseguridad y la delincuencia desatada te dejan preso en tu propia casa. Y al fin comprendes que ya no hay casa. Que la casa no son los muebles, no son los platos, ni es la mesa del comedor vacía. Que la comida ya no es una fiesta, que la comida sólo es rutina. Porque en esta etapa, un hogar son los hijos, son los nietos que ya están lejos y aunque puedes hablar con ellos de vez en cuando, no están contigo.

Los amigos se van marchando, unos fuera del país y otros porque las enfermedades del cuerpo y del alma se los están llevando. Ahora te despierta el silencio mientras esperas y extrañas el ruido, el bochinche y las peleas en las cuales debías servir de árbitro. Mientras esperas una llamada, el saludo lejano de un nieto y la bendición que otorgas con una tristeza infinita, van pasando rápidamente los días. Ya no puedes viajar porque te atracan en la vía y te pueden matar como un perro. Y es entonces cuando piensas en lo que tuviste que ya no tienes. Y entonces, te acuerdas de tu padre y las maravillosas oportunidades de escuchar sus historias y anécdotas, aunque fueran mil veces repetidas. Cuando añoras el tiempo que no tuviste para escucharle porque pospusiste muchas conversaciones hasta que ya no había quien te las contara. Y entonces comprendes que es la vida. Que te estás haciendo viejo y que tú también repites una y otra vez las mismas historias que nadie quiere volver a escuchar. Una casa vacía no es hogar. Un hogar es cuando está llena de hijos y de nietos. Mientras tanto, es sólo una casa vacía. Y tú, ya no eres un muchacho lleno de sueños, algunos de los cuales no cumpliste. Ahora eres un señor mayor, con los hijos y nietos lejos, en una casa que se quedó vacía.

Iván Fernández.
El Buhonero de La Resistencia
Octubre 13 de 2015.
Chicho2512@hotmail.com

REMISIÓN: Haydée Irausquín

FUENTE: Que Pasa en Venezuela

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​Date: Tue, 23 Jun 2015 20:24:09 +0000

Crónicas de Un Buhonero.

¡Los Milagros Existen!

A finales del mes de Mayo, aproximadamente a las 8 Pm, mientras me encontraba en compañía de Rafael Gallegos en un conocido restaurant chino de La Trinidad, sufrimos un atraco colectivo cuyos detalles han sido desde ese momento una terrible pesadilla. Sin embargo, es importante destacar que según informaciones, fueron mas de diez los asaltantes aunque yo, sólo vi al primero que entró antes de reaccionar como lo hice, y que a pesar de sonar por lo menos un disparo, no funcionó el famoso “patrullaje inteligente” ni tampoco brilló mucho la solidaridad, excepto la de Rafael Gallegos a quien le debo la vida. Lo cierto es que resulté herido de un disparo, a quemarropa, a menos de un metro de distancia, a la cabeza.

Mientras me dejaba caer porque nunca perdí la conciencia, tuve durante segundos que parecieron minutos y estos horas, la oportunidad para rezar un Padre Nuestro y varios Ave María, de despedirme de mi esposa Thais, de mis hijos Mariana, Iván y Luis, de mis nietos Alex, Nachito y Miranda y de mis hermanos. También le supliqué a mis padres Dumbo y Trina, a Charora, a la vieja Chicha, a Chucho, a William a Momo y a todos mis muertos que me llevaran para no convertirme en un cuadraplégico o una carga para mi familia. Al mismo tiempo, lamenté no conocer a Miranda ni al próximo nietecito que nace en Octubre. Aunque algunos no lo crean, todo ello sucedió en escasos segundos. A todas estas, me sorprendía de la oportunidad que me daba Dios de despedirme así, a pesar de tener lo que estaba convencido, era un tiro en el ojo.

Durante largos minutos, mientras estaba en el piso, ensangrentado y haciéndome el muerto, como en cámara lenta escuchaba los insistentes llamados de Rafael Gallegos, para que no me desmayara, para que no me durmiera, para que no me fuera.. Mientras tanto, los delincuentes con toda parsimonia, con toda impunidad, iban de mesa en mesa, despojando a la gente de dinero y objetos de valor. Uno de ellos, posiblemente el mismo que me dio el tiro, me despojó de mi koala y de mi reloj mientras decía “este está listo”.

Algunos se preguntarán ¿qué hacía yo en ese sitio a esa hora (8 Pm). ¿Es que acaso ignoraba yo que estamos presos en nuestro país y en nuestras casas? Las respuestas son varias pero baste decir que no acostumbro salir, que no voy a fiestas y que mi situación no me permite acudir a restaurantes y que sólo una cadena de circunstancias me llevaron a ese sitio para coincidir con esos asesinos, hijos sin duda del odio de clases, de la robolución y del resentimiento social que les ha convertido en bestias.

Una vez que los hijos de bernal y chávez se fueron, me paré por mis propios medios y me dejé llevar por Rafael a la clínica más cercana que enseguida se llenó de familiares y amigos. Mientras caminaba hacia emergencias reflexionaba mientras rezaba. No podía tener un tiro en la cara porque entonces habría perdido la conciencia y hasta la vida. El diagnóstico de los médicos confirmó el milagro, la bala rozó, posiblemente por un movimiento reflejo de mi cabeza, pegó entre los lentes y se desvió quien sabe hasta adonde.

A pesar del milagro, me cortó la cornea y me causó pérdida parcial del iris y en consecuencia de la visión del ojo derecho. Mientras esto escribo, la emoción me embarga porque solo un milagro puede explicar lo sucedido y por ello, a pesar de mi tristeza, me siento bendecido. Creo que Dios me tiene reservada alguna tarea especial que con mucha fé y devoción me apresurare en cumplir.

Lamento haber expuesto la vida de mis semejantes y aclaro especialmente a cierto amigo con quien me unen inquebrantables lazos de afecto que aunque fui imprudente, no fui valiente fue mi adrenalina porque siempre pensé que iban por mí.Mientras tanto, estoy de reposo, fuera de circulación, discapacitado pero nunca quebrado. Se necesitarían muchas balas para quebrarme y ahora que Dios me lo demostró, no creo que unos cobardes mequetrefes, unos que nos gobiernan y otros que nos atracan y secuestran puedan quebrarme. Acá les espero y tan pronto pueda, volveré a mi lucha.

Podremos derrotar a maduro y sus ladrones pero tendremos que pensar ¿qué hacer con la porquería que nos dejan en las calles?No quiero finalizar esta crónica sin antes agradecer a Dios, a Rafael Gallegos, a mi esposa siempre abnegada, a mis hijos siempre pendientes, a mis nietos que alegran mis días y especialmente a mi Gente del Petróleo que desde los más remotos lugares me han llamado, han orado por mi salud y me han reconfortado en hora triste y menguada. Vayan para todos mis amigos, familiares y vecinos mi agradecimiento eterno.

Quiero igualmente antes que ellos me lo prohíban mencionar el gesto de Víctor Guédez que tan pronto pudo, reemplazó los relojitos de Rafael y mío que los asesinos nos robaron. Otra persona a quien debo mencionar es a Don Pablo Mosco cuyo gesto indescriptible me arrancó lágrimas del corazón. Igual para el Padre Molina, de mi parroquia que supo entenderme y reconfortarme en fecha reciente. Todos ellos me demuestran que aún queda Venezuela para rato.

En mis oraciones pido para que mis conciudadanos abran los ojos y se atrevan a votar masivamente, sin miedo y con convicción para dar a estos terroristas ladrones, corruptos y malparidos la más grande derrota que permita el renacimiento de Venezuela, la libertad de los presos políticos, la cárcel para los corruptos y el regreso de nuestros exiliados que buena falta nos harán.

¿Qué pasará con mi visión? Bueno la parte física reacciona muy bien pero posiblemente se requiera un trasplante de córnea y si en un país no hay papel sanitario ¿será posible conseguir una córnea?

A todos muchas gracias. ¡Los milagros existen! ¡Yo soy uno de ellos!

Si Dios conmigo ¡Quién contra mí!

Iván Fernández.
El Buhonero de la Resistencia.
21 de Junio de 2015.
Chicho2512

REMISIÓN: Haydeé Irausquín.

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